18 noviembre 2017
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Extremadura ya tiene tres Bienes de Interés Cultural más

El Diario Oficial de Extremadura (DOE) ha publicado los decretos donde son declarados como nuevos Bienes de Interés Cultural (BIC): el Sistema de Abastecimiento Hidráulico Medieval al Real Monasterio de Guadalupe, Arca del Agua, en el término municipal de Guadalupe; el patrimonio histórico artístico de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en la localidad cacereña de Acebo y el santuario de Nuestra Señora de Belén en Cabeza del Buey (Badajoz) en la categoría de Monumentos.

ARCA DEL AGUA

El sistema de abastecimiento hidráulico, denominado Arca del Agua es un proyecto constructivo realizado en el siglo XIV, que tuvo sus orígenes a finales del siglo XIII, con uso en la actualidad.

Su construcción está intrínsecamente unida a la propia construcción y desarrollo del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe por lo que tiene una especial importancia al tratarse del único caso conservado de este tipo de equipamientos e infraestructuras ligadas al desarrollo económico de un gran complejo monacal.

Es una obra de gran interés desde el punto de vista de la historia de la ingeniería hidráulica medieval, pues fue diseñado siguiendo un modelo de técnicas y soluciones constructivas ampliamente difundidas en el sur de Europa y España a lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

Además, el complejo hidráulico conserva todas las partes necesarias para la comprensión del funcionamiento de una obra ingenieril de esta naturaleza como el sistema de captación por excavación hasta alcanzar los veneros o manantiales naturales del terreno; la estructura de almacenamiento y purificación de las aguas mediante dispositivo de decantación por gravedad y la conducción hasta la entrada del casco urbano de Guadalupe por medio de tubos cerámicos machihembrados.

IGLESIA EN ACEBO

Por su parte, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles es un edificio relevante cuyos valores justifican su declaración, pues constituye un ejemplo singular dentro de la arquitectura gótico-renacentista de Extremadura.

Su excepcional calidad fue reconocida ya desde antiguo, tal y como refleja la visita que realiza el obispo don Luis de Salcedo y Azcona a la diócesis de Coria en el siglo XVIII. “Es la iglesia de lo mejor del obispado; de piedra de sillería, es una obra acabada y perfecta”, señalaba.

En su dilatado y azaroso proceso de construcción (1508-1710) intervinieron maestros canteros y arquitectos de renombre como Antonio de la Puente, Francisco Hernández, Juan de Alvíz y, especialmente, Pedro de Ybarra (de 1554 a 1566), maestro de obras de la Orden Militar de Alcántara, a quien se le debe la magnífica torre y las trazas del coro.

En su interior se conserva una excelente colección de obras de arte ejecutadas por primeras figuras del panorama artístico del momento, entre las que destaca, por méritos propios, el grandioso Retablo Mayor realizado en la primera mitad del siglo XVII cuya estructura arquitectónica la ejecutó Alonso de Balbás, insigne arquitecto y ensamblador de Ciudad Rodrigo, que diseñó obras tan relevantes como el monumental retablo barroco de la Catedral del Plasencia, siendo Juan y Cristóbal Velázquez los maestros ejecutores de la arquitectura del monumento placentino.

El retablo acebano es un bellísimo ejemplo de la doctrina contrarreformista tridentina, en la que predomina lo arquitectónico sobre lo ornamental. La fábrica monumental de la iglesia le otorga una posición dominante en la trama urbana de la localidad. El volumen imponente de la construcción queda enmarcado por las estrechas callejuelas de su entorno, creando escenarios de gran belleza visual.

Por otro lado, vista desde las vías de acceso al municipio, se confirma que el paisaje urbano de Acebo se estructura alrededor de su iglesia, como hito visual único e indiscutido de la población.

Todos estos elementos, en su conjunto, hacen de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles de Acebo un elemento paradigmático en el patrimonio cultural de la Sierra de Gata y es, sin duda, uno de los monumentos más interesantes en el conjunto de la arquitectura gótico-renacentista alto-extremeña.

SANTUARIO EN CABEZA DEL BUEY

Mientras, el santuario de Nuestra Señora de Belén se localiza muy cerca de Almorchón y a unos nueve kilómetros de Cabeza del Buey. El conjunto arquitectónico se compone de iglesia y claustro.

La construcción de la ermita, como tantas otras, se relaciona con una aparición mariana a unos pastores. La advocación de Nuestra Señora de Belén es muy antigua porque en el siglo XVI los libros de visita de la Orden de Alcántara señalan la existencia en el vecino castillo de Almorchón de una capilla, ya antigua en ese siglo, con esa advocación.

El valor del bien reside en gran medida tanto en las grandes dimensiones del conjunto como en las pinturas murales que decoran parte del templo.

La construcción y sucesivas reformas del edificio abarcan un largo periodo de tiempo, desde la construcción del primitivo núcleo fundacional, tras la Reconquista, hasta determinadas reformas en el siglo actual. Así, las primeras fases constructivas del convento (siglo XIII) se relacionan con el vecino castillo de Almorchón y con un convento-cuartel de la Orden del Temple, pasando en el siglo XIV tras la disolución de esta orden a pertenecer a la de Alcántara.

La iglesia adquirirá su aspecto esencial durante el primer tercio del siglo XVII, momento en el cual el lugar es ocupado por trinitarios descalzos. Es también en este siglo cuando la Virgen de Belén se convierte en patrona de la localidad y comienza a realizarse, a instancias del concejo, la romería del 27 de septiembre.

Durante el siglo XVIII, el inmueble sufrirá nuevas reformas y ampliaciones. Estilísticamente, se pueden distinguir varias fases constructivas en el conjunto: la zona más antigua es la correspondiente al primitivo conventual templario; la planta alta del claustro también se configura mediante el mismo tipo de arcos y sus dependencias se han adecuado recientemente como hotel.

La mayor parte del conjunto corresponde a comienzos del siglo XVII y al modelo de templo sevillano llamado “iglesia de cajón” desarrollado por Hernán Ruiz II. En el siglo XVIII se añadirán el camarín con decoración de yeserías, con similitudes con el del monasterio de Guadalupe; la sacristía; las escaleras de acceso interiores y la portada principal. Además, se culminarán, en 1746, las pinturas murales.



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