20 junio 2019
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No es usual lo que le ocurre a Extremadura

No puede ser fruto del destino, ese mismo destino que se nos presenta siempre repleto de nubarrones en esta zona del suroeste europeo.

Ni es fruto del destino, ni obviamente, tan solo es culpa de Guillermo que Extremadura con toda su brillante historia se encuentre en un punto de no retorno. Entiendo que es fruto de años de decenas de gobernantes cobardes, de silencios cómplices, de mucha e innecesaria vergüenza, de complejos interiorizados sine die, de una cotidiana forma de hacer las cosas anclada en el tiempo. De múltiples y conscientes errores.

¿Hemos fracasado como sociedad? Es complejo responder a este interrogante cuando aún no hemos agotado todas las bazas, aunque parezca que estemos a punto de hacerlo.

Durante esta Navidad Nuria de Gispert (ex presidenta del Parlament de Cataluña) no ha dudado en exponer desde Cataluña las diferencias que a su juicio existen entre ambas comunidades.

Una distancia real no existente desde siempre, y no porque seamos más necios que ellos, sino porque con todos los mecanismos de que dispone una región española sencillamente han sido más inteligentes. Y es que gran parte de los mayores hitos alcanzados en todos los ámbitos por España en los últimos 40 años tienen su origen en Cataluña. Ello tampoco deber ser casual.

¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí? a que desde otras regiones se aventuren con descomunal ligereza a llamarnos mantenidos, vagos, que no tenemos derecho a un tren digno, gentes poco más que incultas,… Una comunidad fallida.

En ello tienen mucho que ver las políticas desarrolladas por la ristra de gobernantes cobardes que no han sabido aprovecharnos -a los extremeños- sencillamente porque la preocupación principal no pasaba por hacer personas inteligentes, preparadas, capaces de brillar, reivindicativas,… Seres libres.

Se han preocupado en construir una región dependiente, sumisa, silenciada, entretenida en nimiedades y alejada de lo que significa una sociedad próspera, pudiente, orgullosa, con carácter,… Con un sello propio que ofrecer a España y al mundo.

A menudo Ibarra se vanagloria de haber llevado carreteras y todo tipo de inversiones a cada rincón de Extremadura, desatendiendo lo que a mi juicio debería haber hecho en tan largos años de reinado.

Si sabía que decenas de pueblos iban a desaparecer del mapa, más tarde o más temprano, más le hubiera valido haber focalizado y construido una red de ciudades extremeñas agradables, inquietas, generadoras de empleo donde poder vivir en la actualidad sin necesidad de tener que emigrar por necesidad.

Si sabía, porque lo sabía, que gran parte de los cerca de 400 municipios que tenemos no eran viables, ¿por qué no centró los recursos durante décadas en generar una red de ciudades prósperas y facilitadoras de un futuro para generaciones presentes y futuras? Fue infinitamente más fácil hacer lo que hizo para perpetuarse.

Y esa es una de las oportunidades perdidas, y no nos engañemos, esa oportunidad no volverá. Somos los que somos y estamos lo que estamos. Con ello tenemos que afrontar el presente.

De ahí radican todos los males que padecemos, la absurda inacción de no generar esos polos de desarrollo nos condena en la actualidad. No disponemos de ciudades capaces de generar empleo, desatendieron la reindustralización de Extremadura, no fueron capaces de generar industria manufacturera para la ingente cantidad de productos que generamos, no han sabido siquiera colocar en el panorama nacional las joyas monumentales de las que disponemos, empresarialmente hablando nos dan mil y una vueltas… Con todo nos exiliamos para triunfar y brillar como seres únicos que finalmente somos en un mundo cada día más globalizado.

Es real, estamos olvidados, significamos muy poco en España, ni que decir alejados de Europa, y todo ello no es casual. Siento hastío cuando oigo a un representante de mi región decir alegremente que no nos preocupemos que en Extremadura nadie pasa hambre, estamos igualados por abajo, por lo sueldos de 700 euros. ¿Acaso los navarros son más inteligentes que nosotros? o ¿Esto de qué va? Habéis tirado la toalla hace mucho tiempo, si es que alguna vez habéis sabido qué hacer con la toalla.

Es despreciable que el presidente de una región española expresa alegremente que el logro conseguido estos 40 años pase por que ya no somos incultos, pues hace 40 años éramos analfabetos.

Deduzco que o el Ibarrismo continúa muy presente en las cortas mentes de algunos dirigentes actuales, o es que hay demasiada gente gobernando que no se ha dado cuenta de que la sociedad extremeña es mucho más que analfabeta.

Hay miles de personas en esta región con ganas de hacer cosas por el rico campo extremeño, con ganas de generar empleo, de innovar, de que sus ciudades sean visitadas por el número de turistas que merecen, con ideas, con sello, carácter, y dispuestas a que esto cambie en todos los ámbitos: cultural, deportivo, artístico, empresarial,…

O cambiamos la máxima de “ojala consiga un puesto en la administración” creada e impuesta sabiamente por los cobardes dirigentes. O no tendremos ni presente.

El tren tan solo es un reflejo de en lo que han convertido a una Extremadura que soporta 101.453 parados.



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