20 octubre 2018
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OPINIÓN: Camalote, las cartas encima de la mesa

Leía, hace unos días, una noticia en la que dos biólogas y un biólogo hablaban sobre la presencia del camalote en el Guadiana. Planteaban que la llegada de esta planta invasora a nuestro río podría deberse a que alguien echó ejemplares al cauce, o a que las máquinas o las botas de empleados de una empresa que estuvo trabajando en Brasil pudieran haber traído las semillas.

En resumen, una noticia muy somera y poco clarificadora que no entra al fondo del asunto. La sociedad extremeña se merece que pongamos las cartas encima de la mesa respecto al cómo, cuándo y porqué nuestro Guadiana ha sido colonizado por esta planta originaria de la cuenca del Amazonas, porque han pasado ya 15 años desde que apareciera en nuestro río.

Una vez que llega aquí la planta o la semilla podría morir, pero ¿a qué se debe su tremenda proliferación? El camalote requiere para su germinación grandes oscilaciones de temperaturas y una alta iluminación, características propias de nuestra tierra y contra las que poco podemos hacer más allá de intentar mitigar el cambio climático que acelera estos procesos. Sin embargo, para su explosión poblacional necesita agua con un alto contenido de nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio que abundan en el Guadiana procedente principalmente de la contaminación derivada de la agricultura y las deficiencias en la depuración de aguas residuales.

Y esto no es nuevo ya que, como indica Greenpeace, en 1995 el propio Plan Hidrológico del Guadiana recogía que el 24% de los embalses de la cuenca presentaban exceso de nutrientes y alertaban de que además del deficiente grado de depuración de las aguas residuales, la degradación de las orillas y riberas, la alteración del cauce por embalses y extracción de áridos, el mal estado del Guadiana se debe a la contaminación por nitratos y el uso de sustancias químicas como los plaguicidas.

A esto hay que unirle las malas prácticas de las administraciones, por ejemplo, en la revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Badajoz de 2005, que permitió la ocupación de parte del Guadiana a su paso por la ciudad, la canalización de importantes tramos del río, la eliminación de la vegetación natural y el aumento de presión sobre la zona.

El propio Ministerio y la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) en diciembre de 2017 afirmaban que: “el desarrollo de la agricultura en la zona de actuación conlleva la utilización de fertilizantes que, con el retorno del agua al río Guadiana, son causa de un apreciable enriquecimiento en nutrientes [...] El tramo medio del Guadiana, y concretamente la zona donde se extiende el camalote, se encuentra afectada por otros factores impactantes. [...] Entre estos impactos se encuentran la contaminación de las aguas.”

¿Por qué se han excluido estas cuestiones del debate? ¿Cuál es la responsabilidad de las diferentes administraciones en el estado actual de las aguas del Guadiana?

La actuación por parte de la Junta de Extremadura, ayuntamientos y CHG ha sido irregular desde el principio. Expertos como Elías D. Dana afirman que “en su día se le permitió proliferar en ciertos puntos del Guadiana a su paso por Extremadura y experimentó una explosión poblacional que la condujo a ocupar una extensa lámina de agua”.

La reducción de la presencia del camalote está ligada, por tanto, a la urgente depuración de las aguas que vierten al Guadiana y, en ese sentido, la biodepuración se postula como una posibilidad eficaz, económica y madura en nuestra tierra. El cambio hacia modelos agrarios más sostenibles y menos agresivos es otra de las cuestiones que no se pueden excluir de este debate si queremos hablar en serio de reducir la extensión de esta planta invasora.

La Junta y CHG están llevando a cabo acciones de eliminación mecánica de la planta a través de TRAGSA o la UME en la época de mayor proliferación de la misma, pero si la planta ha podido llegar en maquinaria o calzado de empresas que han trabajado a 7.500 kilómetros de distancia, es lógico pensar que esas máquinas y operarios están contribuyendo también a la dispersión de la misma teniendo en cuenta que el camalote se reproduce tanto por semillas como por la fragmentación de la planta.

Así mismo se ha optado por desembalsar agua en diferentes tramos del río para vaciarlo y facilitar su extracción. En ese caso las semillas se depositan en el fondo del cauce donde pueden esperar hasta 20 años para volver a germinar y reproducirse además de poder hacerlo a través de fragmentos de plantas que queden en el curso del río.

La solución, por tanto, debe pasar por la investigación, ya que ni la extracción mecánica ni la aplicación de productos químicos ni la lucha biológica parecen fiables, aparte de los perjuicios que producirían en la flora y fauna acuáticas así como para la pesca y otras actividades de ocio.

También sería peligroso establecer dependencia económica y laboral con la presencia de esta plaga, pues podría contribuir a su perpetuación en nuestras aguas por intereses particulares.

En definitiva, las diferentes administraciones de uno y otro signo se tiran la pelota continuamente pero lo cierto es que para tratar el tema de forma seria deben acometer actuaciones de calado en todo el curso del río, mucho más allá de la simple retirada de la planta.

FIRMADO: Eugenio Romero, diputado de Podemos en la Asamblea de Extremadura

 



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