17 noviembre 2018
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Se cumplen 21 años de la riada de 1997 en Badajoz ¿Cómo sucedió?

Una profunda borrasca en un proceso de ‘ciclogénesis explosiva’ y otros muchos factores desencadenaron una auténtica catástrofe en la madrugada del 5-6 de noviembre de 1997.

El mes de noviembre del año 1997 ya comenzó con abundantes lluvias en toda Extremadura y en prácticamente todo el suroeste peninsular, incluso en los días 1 y 2 de noviembre se produjeron algunas efemérides de precipitación en numerosas estaciones de la provincia de Badajoz, lo que dejó los suelos bastante saturados y con poca capacidad para absorber más cantidad de lluvia.

Sin embargo, fue durante los días 5 y 6 de noviembre cuando tuvo lugar un intenso proceso de ciclogénesis explosiva en una borrasca de origen subtropical, en torno a la cual se formaron enormes sistemas tormentosos al suroeste de la Península Ibérica, y fue uno de ellos -el más grande y fuerte- el que barrió Extremadura de suroeste a noreste provocando, a su paso, muchísimos problemas.

Muchos recuerdan aquella madrugada como una de las peores noches de su vida. Y no es para menos… A pesar de lo mucho que se especuló sobre qué pudo provocar una catástrofe de ese calibre como la que tuvo lugar en plena ciudad de Badajoz, lo cierto es que hay que reconocer que la situación meteorológica durante aquella madrugada no era demasiado común en nuestra zona.

Independientemente de lo mal planificado que estuvieran las cosas por aquel entonces en aspectos como la calidad de la predicción meteorológica, a nivel de seguimiento, de avisos o, mismamente, el propio hecho de encontrar viviendas cerca de un arroyo y/o elementos arquitectónicos que hagan de ‘tapón’ (lo que es realmente un peligro), lo cierto es que se juntaron muchos factores que potenciaron aún más la peligrosidad de esta situación.

 

-¿Qué provocó esas lluvias tan intensas y abundantes?

En los días 4, 5 y 6 de noviembre del año 97, una pequeña borrasca de origen subtropical situada al sur de Azores sufrió un proceso de ‘ciclogénesis explosiva’ mientras era conducida hacia la Península Ibérica, donde acabó tocando tierra a través del cabo de San Vicente-Golfo de Cádiz. En la figura superior se muestra el recorrido exacto de la borrasca desde el día 4 al día 6 de noviembre.

Este tipo de borrascas llevan asociadas masas de aire templadas y muy húmedas que provienen desde latitudes muy bajas, y suelen albergar mucha actividad tormentosa que, generalmente, no llegan a entrar en tierra y permanecen, la mayoría, sobre el mar.

Sin embargo, en esta situación la borrasca sufría el conocido proceso de ‘ciclogénesis explosiva’, de forma que ésta se profundizaba muy rápidamente a medida que se acercaba a la península (se hacía más fuerte e intensa), de modo que había muchísimo potencial para precipitaciones torrenciales.

En torno a ella, la formación de enormes tormentas muy bien organizadas daban una idea de lo peligrosa que podía ser la situación para zonas del oeste peninsular durante el impacto de la borrasca. Gran parte de las tormentas afectaron especialmente a zonas de Portugal, pero fue la última de ellas (y la más grande y organizada) la que consiguió entrar en tierra y, además, aguantar durante varias horas.

En meteorología las llamamos ‘Sistema Convectivo de Mesoescala’ (SCM para abreviar) a este tipo de tormentas y, básicamente, consiste en una tormenta de importantes dimensiones que suelen dejar a su paso precipitaciones torrenciales y fuertes rachas de viento. No se trata de una tormenta común u ordinaria como las que todos conocemos.

Pues bien, en la noche del 5 al 6 de noviembre de 1997, uno de éstos fenómenos cruzó de lleno Extremadura con lluvias muy intensas y persistentes, que unido a esa situación de suelos totalmente saturados por las lluvias de días atrás, ayudó a que la catástrofe fuera aún mayor en algunas zonas.

Como se muestra en la animación superior, el sistema tormentoso entró por el sur de Portugal, cruzó la región del Alentejo y accedió por todo el oeste de Extremadura a lo largo de la noche.

Los colores representan la temperatura de las nubes (la cima de la tormenta), con mínimos por debajo de los ¡70ºC bajo cero! Es decir, el sistema era tan grande y desarrollado que en la cima de la tormenta las temperaturas bajaban por debajo de los -70ºC; una barbaridad en términos más técnicos.

Además, y por si fuera poco, esta enorme tormenta (con mucha precipitación, aunque no demasiado aparato eléctrico) afectó de lleno al oeste de la provincia de Badajoz, moviéndose a favor de muchos arroyos de la zona, albergando éstos cantidades de agua absolutamente desproporcionadas, con las consecuentes crecidas repentinas de ríos y arroyos.

Se midieron cantidades de más de 100 litros/m2 en muchas zonas de la provincia de Badajoz. En la ciudad de Badajoz concretamente, se recogieron hasta 125 litros/m2 y con rachas de viento de 130 km/h. En pocas horas cayó más del 200-250% de la precipitación normal para el mes de noviembre en Extremadura: ¡más del doble!.

La figura superior representa la franja en la que se registraron las lluvias más importantes del episodio, y en la que vemos cómo los máximos de precipitación están prácticamente alineados de suroeste a noreste, indicando por dónde se desplazó este sistema convectivo.

Por tanto, no fue la borrasca en sí la que provocó esta situación, sino el hecho de que un enorme sistema tormentoso atravesó el oeste peninsular hacia el interior. Si esa tormenta se hubiera desgastado al entrar en tierra por el sur de Portugal, probablemente nada de lo que conocemos habría sucedido y habría sido un temporal como otro cualquiera.

Aquí volvemos a darnos cuenta de que, muchas veces, las situaciones meteorológicas más peligrosas no dependen de una gran borrasca ni de fenómenos a gran escala, sino, en este caso, del ‘barrido’ que hace un núcleo tormentoso muy activo, pero también muy local, ya que sólo afectó de forma especial y muy intensa a una estrecha zona del oeste peninsular.


-Badajoz, la zona más afectada

El caos se centró en Badajoz y, especialmente, en torno al barrio "Cerro de Reyes", situado sobre la confluencia de los arroyos Rivillas y Calamón. Estos dos arroyos (normalmente secos y sobre cuyas cuencas se registraron las mayores cantidades de precipitación) se desbordaron a partir de las doce de la noche del día 6, alcanzando el agua un nivel de 4 metros sobre el cauce de los arroyos.

La fotografía superior pertenece a la misma zona de confluencia de los arroyos, donde encontramos el “puente de la carretera de sevilla”, como popularmente lo conocemos en Badajoz. La marca de la crecida en esa valla publicitaria nos da una idea de la altura que alcanzó el agua. Es prácticamente inimaginable teniendo en cuenta la dimensión horizontal de la zona.

Según la Confederación Hidrográfica del Guadiana, el caudal de los arroyos Rivillas y Calamón osciló entre los 450 y 500 m3/s, ¡casi el triple! del caudal máximo admisible en sus cauces de hormigón, que era de 180 m3/s.

El barro y el agua desbordada arrasó con casas, coches y todo lo que se encontró a su paso produciendo, como consecuencia más lamentable, 21 víctimas mortales.

En Valverde de Leganés (Badajoz) el arroyo de Las Piletas recibió 136 litros/m2 y reventó la canalización que lo conducía por debajo de la población, produciendo daños en viviendas e industrias y, desgraciadamente, 3 víctimas mortales.

En este punto cabe mencionar que el arroyo Calamón nace justo al lado de Valverde de Leganés, por lo que todo el agua que se acumuló entre esta localidad y la ciudad de Badajoz, fue a parar directamente al arroyo Calamón. Es difícil de imaginar tantísima cantidad de agua.

Balboa y otras poblaciones situadas en las Vegas del Guadiana tuvieron que ser evacuadas por las inundaciones. En el resto de la provincia de Badajoz hubo que lamentar innumerables daños en infraestructuras, cultivos y ganado. En Portugal también se registraron muchos daños materiales y un total de 10 víctimas mortales.


-¿Podría volver a repetirse algo similar?

Ésta es una pregunta que muchos se hacen y la respuesta es sí. Meteorológicamente podría volver a repetirse una situación parecida, pero la diferencia es que hoy en día estamos algo más preparados, sobre todo en cuanto a previsiones y avisos de cara a la población. Aunque bien es cierto que todavía hoy sigue habiendo zonas pobladas muy expuestas a posibles inundaciones.

Casi todos los años se dan situaciones meteorológicas en otoño que guardan muchas similitudes con la de aquellos días, sólo que no se da la coincidencia de que un enorme sistema tormentoso cruce de lleno Extremadura.

No nos damos cuenta de los peligros que nos rodean hasta que no nos encontramos con ellos cara a cara, pero lo que sí está claro es que ante la naturaleza no somos nadie, y ante una situación y coincidencias de este tipo, poco se puede hacer.

Sí se puede hacer que el impacto sea menos importante o menos catastrófico avisando adecuadamente a la población y tomando las medidas oportunas. Al fin y al cabo, parece que es a partir de estas tragedias cuando realmente se dan soluciones.

FOTO: Santiago Rodríguez.

POR: Javier Piñero.

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