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Ángel Sastre: "Pensaba que Al Qaeda me iba a tratar peor"

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23 de Mayo de 2016

El periodista extremeño, que estuvo secuestrado diez meses en Siria  junto a sus compañeros Antonio Pampliega y José Manuel López, habló en Badajoz del trabajo de los reporteros de guerra y contestó a todas las preguntas que le hicieron sobre su secuestro.

Fue consciente de lo que ocurría desde el primer momento en el que se les cruzó una furgoneta de la que salieron seis hombres encapuchados y armados. No sabía qué grupo era el que les había secuestrado, “ no me pegaron ni me torturaron, ni tampoco le vistieron de amarillo”, pero temía que los vendieran al Estado Islámico. Y por otra parte, “pensaba que Al Qaeda me iba a tratar peor”.

Al principio podían hacer deporte, después se lo prohibieron. Sí pudo contar con unos cuadernos donde escribía como terapia, aunque no se los dejaron llevar tras ser liberado.

Leyó seis veces los dos únicos libros de que disponía y en los últimos meses les pusieron un televisor en el que pudo sintonizar canales en inglés y ponerse al corriente de la situación política de España, algo que les angustiaba porque pensaban “como esto influya, de aquí no salimos”.

Ángel Sastre ha contado que intentó escapar, pero le pillaron.

La liberación

Cuando les iban a liberar, les pidieron la talla de ropa y de calzado para proporcionarles un chándal de Adidas y unas zapatillas, además de chocolate. En ese momento se sintió como “ Hansel y Gretel”. Estuvieron de rodillas, mirando a la pared, con un buzo y había unos niños que jugueteaban en torno a ellos. Se puso un poco tenso porque lo montaron solo en el coche.

Ha calificado a los negociadores de su liberación como “un equipo de profesionales increíble”. Fueron diez meses muy duros y por eso les muestra un gran agradecimiento. “Creíamos que estábamos abandonados porque nos lo merecíamos”.

Entre el deber y el placer

En la charla, organizada por la Asociación de la Prensa de  Badajoz y la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País, mostró algunas imágenes en las que se puede ver cómo trabajan los reporteros de guerra, aunque no quiere difundirlas, no considera necesario “mostrar casquería, ni vísceras, ni tripas en la televisión”, sobre todo a los niños “destripados” en los hospitales, “lo más feo de todo”.

Es lo que más le ha impresionado, decía, “uno va allí por esa gente”. “La idea es salir y contar las cosas”, pero “uno puede hacer periodismo en cualquier lugar, no hace falta meterte en una trinchera”.

Lo hace porque “hay una mezcla entre deber y  placer”.  Reconoce que “le va la marcha”. “Yo disfruto haciendo lo que hago porque siento que estoy donde tengo que estar y por la población civil”, comentó.

Sin embargo, reconoce que no debió ir a Siria esta última vez. Le advirtieron que no lo hiciera y cree que cometió un grave error, porque “ninguna crónica merece el sufrimiento que he causado”.

“Espero que haya servido para convertirme en mejor persona, no en odio, no volverme más  salvaje” , afirma.

El reportero piensa que el cerco se ha estrechado tanto que ya es imposible trabajar en países como ese. “Somos los pollos blancos, los tesoros, te vende hasta el frutero. Ellos ya tienen su grupo de propaganda, no necesitan tener a los periodistas a su lado”.

La precariedad del periodismo

Ángel Sastre considera que ni la crisis ni la protección de los periodistas es excusa para que se haya dejado de gastar dinero en la cobertura de las  guerras. 

“Los medios tienen que dedicar espacio y dinero a estas cosas”. “No quiero nada-decía- quiero que paguen lo que tienen que pagar por este tipo de crónicas y que los jefes, los editores, se pongan a la altura de los reporteros españoles”.

Además, no está de acuerdo en que la información sea gratuita y estima que debe volver el respeto perdido por el periodista, una profesión que está entre las peor valoradas.

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