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OPINIÓN: Milagro en la Central Nuclear de Almaraz

Francisco R. Blanco Coronado

4 de Enero de 2026

OPINIÓN: Milagro en la Central Nuclear de Almaraz

 

A veces resulta difícil comprender lo que se lee y lo que quienes lo escriben se atreven a afirmar. Me refiero a lo escrito en un medio de comunicación el pasado 23 de noviembre por Tomás del Monte González, que fue presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cáceres, y que ejerció como médico general en Navalmoral de la Mata. Sus afirmaciones son tan disparatadas en unos casos, tan faltas de consistencias científicas en otros y rayanas en la calumnia en varios párrafos, que me veo en la obligación de contestar.

 

1. No es cierto que la oposición a la CNA comenzaran con su construcción en la década de los 70 del siglo XX. En 1972 se iniciaron los movimientos de tierra y el 10 de mayo de 1973 se puso el primer hormigón de la Unidad I, cuya cúpula se cerró en 1975. La Unidad II fue iniciada en septiembre de 1973 y se cerró en julio de 1976.

 

De 1972 a 1976 no hubo ninguna oposición a la construcción de la planta nuclear, ni los antinucleares se lanzaron en tromba contra el proyecto (sencillamente porque todavía no los había) ni los sindicatos de “clase” convocaron un “montón de huelgas salvajes”, porque no las hubo, y los sindicatos, dicho sea de paso, jamás manifestaron su oposición a la CNA.

 

2. La primera campaña organizada contra la CNA se realiza en 1979, a cargo de ADENEX, entidad de la que fui fundador y secretario general durante 20 años. No hubo manifestaciones furibundas y periféricas contra la CNA nunca, y sí dos concentraciones a sus puertas, de forma testimonial. Sí hubo manifestaciones multitudinarias contra la central nuclear de Valdecaballeros (que nunca llegó a estar terminada) hasta con 50.000 personas, la más numerosa realizada jamás en Extremadura. Según el Sr. del Monte, parar el proyecto de la CNV fue una necedad. ¿Tantos necios éramos?

 

3. El Sr. Montes no utiliza unas premisas científicas, que es lo obligado en un médico. Decir que ha tratado a “cientos de personas” que trabajan o han trabajado en la CNA y que la incidencia de las enfermedades derivadas de su trabajo ha sido de una “incidencia muy baja”, no es admisible, ni estadístico, ni matemático, como afirma. ¿Cuántas personas ha tratado? ¿Cuáles eran sus patologías? ¿Cuáles de estas relacionadas con las radiaciones?

 

Datos. Por cierto, ¿tuvo como médico alguna relación laboral con la CNA?

 

4. Lo escrito después, es una antología del disparate. Nada de lo que dice tiene que ver con los posibles efectos de las emisiones radiactivas de la CNA, en funcionamiento normal, que existen tanto a la atmósfera como al agua. Y esto no lo digo yo, lo dice la propia Junta de Energía Nuclear (hoy CSN), una entidad nada sospechosa, en su revista Energía Nuclear, vol. 18, núm. 91.

 

Amputaciones de brazos, deformidades de un pie o ganado muerto al beber en el embalse de Arrocampo, son ajenos a los efectos de las radiaciones ionizantes, y expresan pocos conocimientos sobre los efectos de la contaminación radiactiva.

 

5. Para creer al Sr. Del Monte González, este tendría que basar sus afirmaciones en un estudio epidemiológico sobre las personas que viven en el entorno de la CNA, que no se ha hecho, ni por supuesto, publicado, a pesar de haber sido solicitado en innumerables ocasiones por nuestro equipo.

 

Espero que el Sr. Del Monte admita que se puede realizar, no como el que fue presidente de la Junta, Sr. Ibarra, que decía que no. Pues se puede, y debe ser:

 

  • Retrospectivo: estudio con datos del pasado que analiza el presente.

  • Transversal: datos obtenidos en un momento puntual como el estudio de prevalencia, es decir, la proporción de personas de una población que presentan una enfermedad.

  • Observacional: descripción de la realidad y estudio casos control, con estudio de cohorte, es decir, comparando la frecuencia de aparición de una enfermedad entre dos grupos, uno de los cuales está expuesto a un factor (CNA) que no está presente en el otro grupo.

 

6. En 1995, un grupo de médicos de Cáceres y Badajoz iniciamos un estudio epidemiológico sobre el posible efecto de la CNA sobre los habitantes de la zona, con ayuda de habitantes de los pueblos del Campo Arañuelo y la Vera y que recogieron las fichas de datos que repartimos. Aunque no se pudo acabar el estudio, por todo tipo de “zancadillas”, los resultados preliminares obtenidos fueron muy preocupantes:

 

A finales de la década de los noventa del pasado siglo, la población que atendía el Hospital del Campo Arañuelo era de unos 60.000 habitantes, según el director de dicho centro sanitario en declaraciones efectuadas al Diario HOY el 15 de junio de 1996. Según el citado facultativo, en el Hospital del Campo Arañuelo, en 1995, se diagnosticaron 13 casos de leucemias, tres linfomas no Hodgkin y un sarcoma de Ewing, dando estas cifras como "normales".

 

Si se consideraban las frecuencias admitidas a nivel internacional por entonces, leucemias, 13 casos/100.000 habitantes/año (Harrison, 1994) y linfomas no Hogdkin, 0´5-1 caso nuevo/100.000 habitantes/año (Farreras – Rozman 1992), los datos que hizo públicos dicho facultativo, indicaban que las tasas de leucemias y linfomas no Hodgkin en el entorno de la CNA eran superiores, con mucho, a las medias admitidas a nivel mundial:

  • Leucemias: 13 casos para 60.000 habitantes son cinco casos más de lo admitido.

  • Los linfomas no Hodgkin, tres para 60.000 habitantes, superan entre tres y seis veces lo que sería normal para esta población.

 

Pero además:

1. La población real que atendía el Hospital del Campo Arañuelo era inferior a los 60.000 habitantes, concretamente, en 1996, algo más de 50.000 (INE, 1996)*, por lo que las incidencias tumorales expuestas eran todavía más altas, alcanzando ya cifras escandalosas.

 

2. Había muchos pacientes de la zona que no eran diagnosticados ni tratados en el Hospital del Campo Arañuelo, a pesar de pertenecer a esta área de salud, sino que lo eran, como pudimos comprobar fehacientemente mediante documentos sanitarios consultados, en otros centros hospitalarios, por lo que sin temor a equivocación, se puede afirmar (con los datos obtenidos) que las frecuencias de ciertas patologías (sobre todo de índole neoplásica) eran, todavía, muy superiores a las cifras oficiales computadas

 

Los pueblos más afectados estaban todos al norte de la CNA, en la dirección de los vientos en los que iban presentes los isótopos radiactivos que la planta liberaba diariamente en las operaciones normales de venteo o en los casos de liberaciones accidentales u obligadas. Talayuela, y sobre todo Jaraíz, eran las localidades más afectadas.

 

Y como decía anteriormente: de los 47 casos de patologías que pueden tener relación con el efecto biológico de las radiaciones, sólo 11 fueron diagnosticados en el Hospital de Navalmoral de la Mata, por lo que 36 no figuraban en las estadísticas de este centro, es decir, un 76´5%. Pero es que más de una cuarta parte de los pacientes, un 29´7%, ni siquiera figuraban en las estadísticas del sistema sanitario extremeño, pues fueron diagnosticados y tratados en centros de Madrid (11), Ávila (1), Talavera de la Reina (1) y Salamanca (1).

 

Especial mención merecen los datos previos obtenidos en Jaraíz de la Vera, localidad con 7.012 habitantes (INE, 1996) que está situada al norte de la CNA, distando de ella 33 kilómetros, y por tanto, en el área de influencia de los vientos que provienen del emplazamiento de la planta atómica. Por cierto, Jaraíz no pertenece al Área de Salud de Navalmoral de la Mata, sino a Plasencia, por lo que los habitantes de este pueblo son atendidos en el Hospital Virgen del Puerto de la ciudad placentina y no en el Campo Arañuelo, con lo cual “escapaban” a sus estadísticas.

 

Nuestro equipo detectó en esta localidad (Jaraíz) tres casos de sarcoma de Ewing, dos de ellos en un año, estando los tres perfectamente documentados. Los cánceres óseos son raros, y en la adolescencia tienen una frecuencia de un caso por millón de personas/año y, en general, 4´6 casos por millón de personas/año (Tumors of Bone and Cartilage. Harlan, 1983. AFIP, Washington).

En Jaraíz… 2 casos por 7.000 personas/año…

 

Las afirmaciones del Sr. Del Monte González en el sentido que las personas que viven en el entorno de la CNA no padecen una anormal incidencia de enfermedades neoplásicas, carecen de rigor y no tienen base científica alguna. Sólo un estudio epidemiológico independiente podría aclarar este extremo.

 

Por último, decir que determinadas personas han hecho ciertas declaraciones contra la CNA por haber recibido dinero, es indignante. Lo tendría que demostrar. Y si yo fuera una de ellas, me querellaría.

 

A mí me denunció la CNA por expresar mis dudas sobre los efectos de la planta en la salud de las personas de su entorno y pedir un estudio epidemiológico, “por atentado al honor de sus trabajadores”, en el programa estrella de entonces, “Esta noche cruzamos el Mississippi”. El pleito lo gané y la titular del Juzgado de Madrid 56, en 1996, sentenció: “Baste lo hasta aquí expuesto para sostener que la demanda carece de la más mínima viabilidad. No ha existido sino información veraz y contrastada hasta donde, con la diligencia exigible a los profesionales de la información fue posible. Se ha hecho uso legítimo, en forma adecuada, de la libertad de expresión, se ha puesto al servicio del público un cauce de opinión, debate y denuncia, lo que es propio (y hasta obligado) de un medio de comunicación social”.

 

En Almaraz, sí hubo un milagro, porque a pesar de sus generadores defectuosos (que hubo que cambiar), de las fisuras en la tapa de los reactores (que hubo que cambiar), de sus otras averías, incidentes y accidentes, de momento no hemos acabado como en Chernobyl y Fukushima.

 

Fdo: Francisco R. Blanco Coronado, Médico Ginecólogo y presidente de FONDENEX