Cuatro de cada diez hogares españoles consideran instalar cámaras de vigilancia ante el aumento de robos
26 de Enero de 2026
La sensación de inseguridad en los hogares españoles ha experimentado un incremento notable en los últimos años, impulsando a muchas familias a replantear sus sistemas de protección doméstica. Según datos de empresas del sector de la seguridad, aproximadamente cuatro de cada diez hogares en España contemplan seriamente la instalación de cámaras de vigilancia como medida disuasoria y de control, una cifra que hace apenas una década resultaba impensable para el mercado residencial.
Este cambio de paradigma responde a múltiples factores convergentes: el aumento estadístico de robos en viviendas, especialmente durante períodos vacacionales y en zonas residenciales periféricas; la democratización tecnológica que ha reducido drásticamente los precios de estos equipos; y la creciente conciencia sobre la importancia de la seguridad preventiva frente a las limitaciones de los sistemas reactivos tradicionales.
Tiendas online especializadas como Todoelectrónica, con más de 35 años de experiencia en el sector, confirman que las modernas cámaras de vigilancia han dejado de ser patrimonio exclusivo de empresas y comercios para convertirse en elementos habituales de la seguridad doméstica, accesibles tanto económicamente como en términos de instalación y manejo.
El contexto: robos en viviendas y sensación de vulnerabilidad
Las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior reflejan fluctuaciones en las cifras de robos con fuerza en domicilios, pero la percepción ciudadana de inseguridad se mantiene elevada, especialmente en determinadas zonas residenciales y urbanizaciones donde los delincuentes operan con conocimiento de los patrones de ausencia de los propietarios. Los meses de verano concentran tradicionalmente los mayores índices de ocupación ilegal temporal y robos en viviendas deshabitadas.
Esta realidad ha generado un mercado creciente de soluciones de seguridad residencial que va desde las alarmas conectadas a centrales receptoras hasta los sistemas de videovigilancia inteligente que permiten monitorización remota en tiempo real. La tecnología ha evolucionado desde los primitivos sistemas de circuito cerrado de televisión (CCTV) que requerían instalaciones complejas y costosas, hasta dispositivos plug and play que cualquier usuario puede configurar mediante una aplicación móvil en cuestión de minutos.
Democratización tecnológica: de 2.000 a 50 euros
Uno de los factores determinantes en la masificación de las cámaras de vigilancia domésticas ha sido la espectacular reducción de precios. Hace quince años, un sistema básico de videovigilancia con cuatro cámaras, grabador digital y monitor podía superar fácilmente los 2.000 euros, precio prohibitivo para la mayoría de hogares que limitaba su adopción a comercios y empresas.
Actualmente, el mercado ofrece cámaras IP individuales completamente funcionales desde 50-60 euros, con capacidades que incluyen visión nocturna infrarroja, detección de movimiento, grabación en la nube, audio bidireccional y acceso remoto mediante smartphone. Esta accesibilidad económica ha eliminado la principal barrera de entrada que mantenía esta tecnología fuera del alcance del consumidor medio.
La competencia en el sector, la producción masiva en Asia y la estandarización de componentes electrónicos han convergido para crear un escenario donde la seguridad mediante videovigilancia resulta más económica que nunca. Incluso sistemas completos con múltiples cámaras de alta definición, almacenamiento local y capacidades avanzadas pueden adquirirse por menos de 300 euros.
Tecnología inteligente al alcance del usuario doméstico
En la actualidad, las cámaras de seguridad incorporan funcionalidades que antes requerían equipamiento profesional costoso. La detección de movimiento inteligente utiliza algoritmos capaces de distinguir entre el movimiento de una persona, un animal doméstico o simplemente ramas de árboles movidas por el viento, reduciendo drásticamente las falsas alarmas que caracterizaban a los sistemas antiguos.
La visión nocturna mediante LED infrarrojos permite grabaciones nítidas en completa oscuridad hasta distancias de 20-30 metros, mientras que las versiones más avanzadas incorporan visión en color nocturna gracias a sensores de alta sensibilidad lumínica. La resolución Full HD (1080p) se ha convertido en estándar, con modelos superiores que ofrecen ya 4K para capturas de máximo detalle.
El audio bidireccional integrado permite no solo escuchar lo que sucede en el área vigilada, sino también comunicarse a través de la cámara, función útil tanto para interactuar con visitantes como para disuadir intrusos mediante avisos verbales. Las notificaciones push instantáneas al smartphone alertan en tiempo real cuando se detecta actividad, permitiendo verificar inmediatamente mediante transmisión en directo qué está ocurriendo.
Instalación simplificada y control desde el móvil
La facilidad de instalación constituye otro factor clave en la adopción masiva. Las cámaras inalámbricas modernas requieren únicamente conexión WiFi y alimentación eléctrica, eliminando el tendido de cables que antiguamente encarecía y complicaba las instalaciones. Algunos modelos incorporan baterías recargables o paneles solares, permitiendo ubicación en cualquier punto sin dependencia de tomas eléctricas.
La configuración mediante apps móviles ha democratizado el acceso a tecnología que antes requería conocimientos técnicos especializados. Los asistentes de instalación guían paso a paso el proceso de conexión, configuración de zonas de detección, programación de horarios y ajuste de sensibilidades. La mayoría de fabricantes ofrecen aplicaciones intuitivas compatibles con iOS y Android que centralizan el control de múltiples cámaras.
El almacenamiento se ha flexibilizado ofreciendo opciones variadas: grabación local en tarjetas microSD, almacenamiento en la nube con suscripciones mensuales económicas, o servidores NAS domésticos para quienes prefieren control total sobre sus datos. Esta versatilidad permite a cada usuario elegir la solución que mejor se adapte a sus necesidades de privacidad y presupuesto.
Legalidad y privacidad: qué se puede y qué no se puede grabar
La instalación de cámaras de vigilancia en viviendas debe respetar el marco legal establecido por la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) y el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) europeo. Los propietarios tienen derecho a instalar cámaras en el interior de su vivienda y en zonas exteriores de su propiedad, pero con limitaciones importantes.
Las cámaras no pueden enfocar espacios públicos como aceras, calles o zonas comunitarias más allá de lo estrictamente necesario para la seguridad del inmueble. Tampoco, pueden grabar propiedades ajenas o ventanas de vecinos. Es obligatorio colocar carteles informativos visibles advirtiendo de la existencia de videovigilancia, especialmente en accesos.
En comunidades de propietarios, la instalación de cámaras en zonas comunes requiere acuerdo en junta con las mayorías establecidas por la Ley de Propiedad Horizontal. El tratamiento de las imágenes debe cumplir normativas de protección de datos, limitando el acceso a personal autorizado y estableciendo períodos de conservación razonables, generalmente no superiores a un mes salvo que las imágenes sean necesarias para investigaciones en curso.

Más allá de la seguridad: usos adicionales valorados
Aunque la prevención de robos constituye la motivación principal, las cámaras domésticas ofrecen utilidades adicionales que muchos usuarios valoran especialmente. La vigilancia de menores y ancianos permite a padres trabajadores o cuidadores verificar remotamente el bienestar de personas dependientes, complementando pero nunca sustituyendo la supervisión humana directa necesaria.
El control de mascotas durante ausencias prolongadas resulta especialmente apreciado, permitiendo verificar que animales domésticos no sufren ansiedad o acceden a zonas peligrosas. Algunos propietarios utilizan la función de audio bidireccional para calmar a sus mascotas con su voz.
La supervisión de entregas y trabajadores externos (reparaciones, limpieza, jardinería) aporta tranquilidad sobre el desarrollo de estas actividades en ausencia del propietario. El registro visual sirve además como evidencia documentada en caso de disputas sobre trabajos realizados o daños producidos.
El mercado español: crecimiento sostenido y previsiones
El sector de la videovigilancia residencial en España ha experimentado tasas de crecimiento anual de dos dígitos en los últimos cinco años. Los distribuidores especializados reportan incrementos significativos en las ventas tanto de equipos individuales como de kits completos, con especial demanda de modelos inalámbricos de instalación autónoma.
Todoelectrónica, constata este crecimiento sostenido y señala que el perfil del comprador se ha diversificado enormemente, pasando de instaladores profesionales a usuarios domésticos que buscan soluciones plug and play con buen soporte técnico y garantías sólidas.
Las previsiones apuntan a una continuación de esta tendencia, impulsada tanto por la persistencia de la preocupación por la seguridad como por la continua evolución tecnológica que incorpora inteligencia artificial, reconocimiento facial, integración con domótica y capacidades predictivas que identifican patrones anómalos de comportamiento.
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