19 Mayo 2026
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Cultura

Lo que pasó en Badajoz con Migue de Antílopez: crónica de un pellizco anunciado

Cultura

17 de Mayo de 2026

Lo que pasó en Badajoz con Migue de Antílopez: crónica de un pellizco anunciado


Hay artistas que llenan estadios. Otros llenan silencios. Y luego está Miguel Ángel Márquez, que anoche en OffCultura hizo algo mucho más difícil: llenar a las personas.

 

No había focos gigantes ni artificio. Apenas sesenta almas -las que permite el aforo- sentadas frente a un hombre que decidió desnudarse sin quitarse la ropa. Con guitarra. Con palabras. Con esa mezcla imposible entre el filósofo de barra de bar y el poeta que escribe en servilletas arrugadas. Entre el chiste y el abismo. Entre la carcajada y el pellizco.

 

Así presentó ‘Yo Me Mi ConMigue’, su primer trabajo en solitario tras el camino compartido con Félix en Antílopez. Y si alguien esperaba encontrar una ruptura sonora, un volantazo artístico o una mutación calculada, puede ir olvidándolo. Migue sigue siendo Migue. Y eso, en un tiempo donde todos parecen empeñados en parecer otra cosa, es casi revolucionario.

 

EL NUEVO DISCO

 

El disco, que saldrá el 29 de mayo, fue cayendo canción a canción, en orden, como quien abre un diario íntimo delante de desconocidos sin miedo a que le lean las cicatrices. Diez temas atravesados por ese sello suyo que no se aprende en ninguna escuela: flamenco escondido en los márgenes, ironía de bisturí, ternura inesperada y una capacidad insultante para convertir una frase aparentemente absurda en una verdad como una catedral.

 

‘Que le pasa a mi guitarra’, ya publicada, abrió el viaje. Y bastó un verso para entenderlo todo: “Yo soy un cable pelao, no encajo en tribus urbanas”. Ahí estaba él entero. Sin maquillaje. Sin estrategia. Sin manual de marca personal. Solo un hombre reconociendo que nunca terminó de caber en ningún sitio. Quizá por eso cabe tan bien dentro de quienes lo escuchan.

 

Hubo momentos donde las canciones parecían escritas por un humorista borracho de lucidez. Temas que obligaban a echarse las manos a la cabeza no solo por la risa, sino por la valentía de llevar ciertas ideas hasta el extremo, como quien se ríe del mundo antes de que el mundo se ría de él. Y en esa frontera donde muchos se frenarían por miedo al qué dirán, Migue pisa el acelerador. No por provocación vacía, sino porque entiende algo esencial: el arte que no incomoda a veces tampoco despierta.

 

También apareció un clásico reinventado -cuyo nombre no revelaré- al compás de chacarera, demostrando que las canciones verdaderas sobreviven incluso cuando les cambias el traje. Y entre bromas, dobles sentidos y disparos envueltos en papel de regalo, emergió “Palabras mayores”, poesía portátil. De esa que no se consume: se mastica despacio.

 

Después llegó la de “reverso y dorso”, que es con lo primero que te vas a quedar cuando la escuches. Y entonces hizo algo que solo puede hacer alguien que ya ha perdido el miedo al ridículo: definir su propia canción como “una paja”. El público estalló en risas. Pero debajo del chiste seguía latiendo la inteligencia salvaje de quien juega constantemente con el lenguaje porque sabe que las palabras todavía pueden ser dinamita.

 

Porque sí, también hubo crítica política y social. Una canción situada entre Sevilla y la otra punta del mundo. Si con esta pista no te has enterado, no me importa, porque lo que quiero es dejarte con la miel en los labios. Una obra canallesca, incómoda y hermosa. “Yo creo que hay gente que la puede ver incluso como bonita”, soltó entre carcajadas generales. Y quizá esa sea una de sus mayores virtudes: lograr que el público se ría mientras les coloca un espejo delante.

 

LAS PREGUNTAS A MIGUE

 

En el turno de preguntas dejó otra de esas frases que parecen simples hasta que se quedan viviendo contigo: “Crear es un trabajo de ponerte”. Sin romanticismos baratos. Sin esperar a que llegue la musa vestida de blanco. Sentarse. Buscar. Equivocarse. Insistir. “Hay veces que viene un fogonazo. Pero hay canciones trabajadas muy bien”.

 

Y claro que se nota la artesanía. Porque sus letras no parecen fabricadas: parecen encontradas. Como monedas antiguas en el bolsillo de una chaqueta vieja.

 

“Me encanta hacer juego de palabras”, confesó. “Tengo varios Word de juegos de palabras, de crítica, de canciones para gente… escuché mucho a Sabina y eso se nota”. Pero incluso ahí hay algo profundamente suyo. Porque Migue no copia a nadie: dialoga con todo lo que escuchó para terminar sonando únicamente a él mismo.

 

RECORDANDO CANCIONES

 

El público fue pidiendo canciones antiguas. Y él fue regalándolas como quien reparte recuerdos. Sonaron “Canción privada”, “Costurero de la reina”, “Activíctima” o “Arrierita sin papeles”, esa historia real y preciosa de un hombre cuidado por una mujer polaca que volvió a recordarle a todos que las mejores canciones no nacen del virtuosismo, sino de mirar al ser humano con atención.

 

Quizá por eso el disco se llama ‘Yo Me Mi ConMigue’. Porque no es un álbum para entenderlo a él: es un disco para encontrarse uno mismo dentro de él.

 

Y anoche, en una pequeña sala de Badajoz, lejos de los grandes circuitos y las cifras vacías, ocurrió algo extraño y hermoso: durante más de un par de horas la música dejó de ser entretenimiento para convertirse en conversación. Una conversación sincera, desordenadamente ordenada, divertida y profundamente humana.

 

De esas que ya casi no existen.

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