23 septiembre 2020
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Los científicos alertan de un preocupante ascenso térmico futuro en Extremadura

Los resultados de un estudio de la Universidad de Extremadura sobre la evolución de las temperaturas máximas en la Península Ibérica durante el presente siglo ofrecen un pronóstico pesimista.

En los próximos 79 años seguiremos sufriendo el aumento de las temperaturas máximas, la llegada de olas de calor y eventos calurosos más duraderos e intensos y un aumento constante en la frecuencia de dichas olas de calor; todo ello bajo un escenario de rápido crecimiento económico basado en el uso equilibrado de todo tipo de nuevas y eficientes fuentes y tecnologías energéticas.

Estas son las principales conclusiones del estudio publicado en la revista Atmosphere que ha sido llevado a cabo por el grupo AIRE (Física de la Atmósfera, Clima y Radiación de Extremadura) desde la Universidad de Extremadura (UEx).

El cambio climático es una de las mayores preocupaciones de los europeos y representa uno de los desafíos sociales, sanitarios, económicos, medioambientales y científicos más importante del siglo XXI. Gracias al trabajo de aquellas personas que apuestan por la importancia de la ciencia, “contamos con la información necesaria para anticiparnos a lo que nos deparan estos tiempos de gran incertidumbre”.

Ejemplo de ello es la labor desarrollada en la UEx por los investigadores del grupo AIRE que trabajan con modelos climáticos, pronosticando las condiciones climáticas que enfrentaremos en un futuro próximo.

LOS EVENTOS EXTREMOS

Este grupo de investigación se ha ocupado de estudiar distintas variables climáticas a lo largo de su historia y actualmente se centran, además, en el estudio de una serie de sucesos relevantes en las investigaciones de cambio climático: los eventos extremos.

Se conocen así a aquellos fenómenos que son intensos y se producen con poca frecuencia, como ocurre con las sequías, las inundaciones, las olas de calor, etc. Estas últimas se encuentran entre los eventos de dichas características que afectan a la Península Ibérica y que, a pesar de ser considerados fenómenos raros, cada vez son más frecuentes e incluso de mayor duración e intensidad.

Javier Portero Serrano, Francisco Javier Acero Díaz y José Agustín García García son los investigadores que han analizado cómo han evolucionado las temperaturas máximas en la Península Ibérica entre los años 1961 y 2000 para proyectar su tendencia hasta finales del presente siglo, y poder así pronosticar lo que ocurrirá con la duración, frecuencia e intensidad de olas de calor y eventos calurosos. La originalidad de su investigación reside también en el uso de una metodología estadística novedosa en climatología, conocida como Max-Stable Processes.

Se trata de un trabajo que no hubiera sido posible realizar sin la participación del personal investigador del área de Estadística e Investigación Operativa del Departamento de Matemáticas y de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Parte del fruto del mismo se debe, igualmente, a las colaboraciones previas con universidades y empresas francesas.

Proyecciones analizadas

Una de las primeras actuaciones llevada a cabo por parte de los investigadores ha sido seleccionar aquellos modelos que, para el período 1961-2000, aportan valores de temperatura más similares a los que fueron registrados durante esos años por 250 estaciones meteorológicas que la AEMET tiene distribuidas en España. “De esta forma los resultados que se obtienen son más fiables”, matiza Portero.

A continuación han analizado las proyecciones de los modelos elegidos, obteniendo que las temperaturas máximas van a seguir aumentando a lo largo de los próximos años y que lo harán de forma más pronunciada desde mediados de siglo en adelante. El suroeste de la Península Ibérica (Beja y Faro, en Portugal, y el sur Extremadura y el oeste de Andalucía, en España) alcanzará las temperaturas más altas, pudiéndose llegar a registrar más de 45ºC a finales de siglo.

Asimismo, prevén que las temperaturas máximas vayan a ser cada vez más parecidas entre sí durante días consecutivos en la mitad occidental de la Península, mientras que en la región mediterránea se registrará mayor diferencia entre dichas temperaturas. En lo que a Extremadura respecta significa que en verano viviremos varios días seguidos en los que la temperatura máxima apenas descenderá “para darnos un respiro", como ha ocurrido el pasado mes de julio.

En relación a los eventos calurosos y las olas de calor, los resultados muestran que existirá un aumento muy brusco en su duración e intensidad y que, además, el aumento en la frecuencia de las olas de calor se mantendrá constante durante todo el siglo.

Cabe destacar que los eventos calurosos serán más frecuentes en la región suroeste de la Península, mientras que en el sureste (sur de Valencia, Murcia, Andalucía oriental y Castilla-La Mancha) estos eventos durarán más; aunque la duración promedio de dichos eventos en toda la Península aumentará de 5 días hasta casi 24 días. Por su parte, las olas de calor presentarán casi la misma frecuencia en todo el territorio pero tendrán mayor duración y frecuencia a lo largo de toda la costa mediterránea.

Aumento de temperatura inquietante

Para una región como Extremadura es de gran importancia que se analice la evolución y la tendencia de las temperaturas máximas. Acero explica que el valor de este tipo de estudios radica en que el aumento que se está produciendo en dichas temperaturas tiene efecto sobre sectores presentes en la Comunidad Autónoma como son sanidad, agricultura y ganadería, construcción… además de afectar a la biodiversidad y a la aparición de incendios forestales.

Los resultados de este trabajo se encuentran disponibles y pueden servir para orientar en la elaboración de las políticas pertinentes. Los investigadores consideran que, en este contexto, las administraciones deben elaborar y llevar a cabo con mucha rapidez los planes de adaptación y mitigación oportunos, ya que todos los estudios de este tipo corroboran que la situación va a peor.

“Lo que está claro respecto al cambio climático es que la acción antropogénica ha provocado esta modificación tan brusca y repentina en las características de los fenómenos extremos”, declara Acero, añadiendo que ya no podemos negar que nuestra especie es la responsable de la emisión de las cantidades de gases de efecto invernadero que provocan tal alteración.

Igualmente, se sabe que la temperatura media global ha aumentado en 1’1ºC respecto a la época preindustrial y que serán muy graves las consecuencias derivadas de no limitar dicho aumento de temperatura en 1’5ºC en lugar de en 2ºC. Así se expone en el Informe especial sobre el calentamiento global de 1’5ºC publicado por el IPCC en 2018. “Es por ello que todos los organismos oficiales deben trabajar en la misma dirección”, concluye el investigador.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER MIENTRAS TANTO?

Seguir adquiriendo hábitos más sostenibles es una muy buena opción que, además, nos servirá para habituarnos a los cambios que ya se están produciendo. Cómo nos movemos, qué compramos y de dónde procede, cuánto consumimos y reutilizamos, cuál es la eficiencia energética de los materiales y aparatos que se incluyen en casa… son algunas cuestiones que nos pueden dar pistas sobre cómo contribuir a que la situación no empeore a mayor velocidad.  “Aunque nos parezcan pequeñas acciones, todas juntas tienen su efecto”, subraya Portero.

“Si miramos atrás, comprobaremos que cada época se ha caracterizado por algún desafío que como especie hemos enfrentado y superado, puesto que de lo contrario hoy no estaríamos aquí. La crisis climática que vivimos debe convertirse en uno de ellos. Es lo que millones de jóvenes llevan exigiendo desde hace más de un año, dándole voz en todo el mundo a los problemas sobre los que la comunidad científica lleva mucho tiempo alertando que debemos resolver lo antes posible. Y es que no podemos olvidar que, como recoge una frase de autoría incierta, la Tierra no es herencia de nuestros padres sino un préstamo de nuestros hijos”.



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