30 noviembre 2020
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OPINIÓN: Las Medallas de Extremadura, un acto cojo e incompleto

Carta abierta a D. Guillermo Fernández Vara:

Una vez conocida la noticia de que este año se impondrá la Medalla de Extremadura a diversas entidades y grupos profesionales por la labor tan encomiable y necesaria realizada durante los meses más críticos de esta terrible pandemia, me dirijo al Sr. Fernández Vara, nuestro Presidente Autonómico.

El abanico representado es amplio, y todos y cada uno de ellos merecen nuestro más sincero agradecimiento, pues su trabajo en aquellos días de tanta incertidumbre, peligro y miedo es sin duda, merecedor de tal reconocimiento.

Mas una notable ausencia entre los colectivos homenajeados hace que el sencillo acto a celebrar quede, en mi opinión, cojo e incompleto. Sé que posiblemente no quede muy bien o que sea políticamente incorrecto reclamar -para el colectivo profesional que represento- ese mismo reconocimiento, pero créame que no lo hago por afán de protagonismo, sino porque en justicia pienso que es lo correcto.

Déjeme decirle que durante todo este tiempo hemos sido, y seguimos siendo, protagonistas de excepción de esa otra peste que ha traído "el bicho": la zozobra y ansiedad de millones de trabajadores y empresarios que ven peligrar su sustento.

Desde el principio los Graduados Sociales, asesores laborales cualificados, nos ofrecimos a la Administración para que aquellos encontraran en nosotros el necesario apoyo ante la caótica situación que estamos viviendo, en el que los funcionarios (salvo honrosas excepciones) son inaccesibles y están desaparecidos.

Así, callada y humildemente, hemos venido trabajando sin descanso para que los primeros se acogieran a la ayuda por cese de actividad y los segundos cobrasen la prestación extraordinaria por desempleo. Y esto a modo de ejemplo y por resumir "muy mucho" cuántas tareas, encomiendas y trabajos nos trasladaban nuestros queridos gobernantes a golpe de Decreto. Normas cuya redacción, por precipitada y abundante, era en la mayoría de los casos imprecisa y confusa, necesitando todas ellas de criterios interpretativos y aclaraciones que, más que arrojar luz a nuestro trabajo, nos sumía en un oscuro laberinto de imposibles recovecos.

Es en este escenario de inseguridad jurídica y plazos perentorios en el que, la mayoría del tiempo, nos hemos movido haciendo equilibrios quiméricos. En él una legión de asesores legislaban aquello que, en la soledad de su despacho, un único profesional tenía que estudiar, asimilar, interpretar y aplicar de un día para otro, pues el BOE del domingo noche dejaba obsoleto lo aprendido durante la semana.

Y esta situación, créame Sr. Vara, está llevando a algunos compañeros al borde de una enfermedad igual de mala: el desánimo, antesala de abatimiento, que en el peor de los casos acaba en depresión. Llevamos 4 meses y medio sin descanso y el panorama no es que sea muy halagüeño. Nos tememos que cuando se acaben los ERTES, les seguirán las quiebras de empresas y los expedientes de regulación de empleo.

Si lo referido no hace que tengamos un hueco entre policías, guardias civiles, periodistas, agricultores y ganaderos... la verdad, perdone mi osadía, pero déjeme decirle que tanto o más hemos sido esenciales nosotros como ellos.

POR: Carlos Puebla Lorente, presidente


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