12 Abril 2026
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Al toque de degüello: el último falcon

Vicente Hurtado

11 de Abril de 2026

Al toque de degüello: el último falcon

 

​Al toque de trompetas y tambores, el cacique del sanchismo ha ordenado a sus parásitos (asesores, ministros y otras malas hierbas pegadas al sillón por el sueldo y un muy poquito trabajar), un zafarrancho de combate desesperado. El objetivo: contener las hordas de realidad que le asedian por todos los flancos de esta nación que él cree su cortijo.

 

​Sus "decretazos sociales" —ese barniz de bondad pagado con el sudor del que madruga— nos invaden a costa de pactar con quien haga falta. Le da igual un heredero del terror que un prófugo de la justicia; lo importante es que el decreto salga y el sillón se mantenga. Donde dijo "digo", ahora dice "amnistía", y mañana dirá lo que le exijan para no tener que hacer las maletas.

 

​Estamos en campaña, y este presidente —tan egocéntrico como inútil para lo común— ha dado la orden: ganar Madrid a costa de lo que sea. Ataca a la capital porque es el espejo donde se mira su incompetencia, el único muro que se niega a doblar la rodilla ante sus delirios de grandeza.

 

​El gran masca del sanchismo ordena ahora: "Salir a ver las necesidades de los ciudadanos y visitar los barrios, salir en la tele fingiendo que os importa". ¡Qué lástima que no lo hicieran antes! Pero claro, desde el cuero pegajoso y cómodo del Falcon se está demasiado tranquilo puteando a la nación mientras se rinde pleitesía a comunistas, separatistas y terroristas.

 

​Mientras ordena combate, bien podría ordenar limpieza. Sus compinches se esconden para que no se hable de las mordidas, de las maletas o de los cuarteles, sacando cortinas de humo para tapar la corrupción que ya les llega al cuello.

 

​Al cacique del dedazo, al rey de la mentira y la sinvergüencería, le gustan los toques de tambor. Pues bien, habría que recordarle un toque que quizás su soberbia no le deja oír. Un toque que la oposición, a veces más perdida que las pesetas, conoce pero no se atreve a ejecutar. Un toque que millones de españoles ya están tarareando en silencio.

 

​Es un toque despiadado, mortal, pura guerra psicológica inventada por los musulmanes y perfeccionada por los españoles. El mismo que sonó durante días antes del asalto al Álamo.

 

​Suena a "Degüello", señores. 

 

​Y "degüello" significa, sin prisioneros políticos. En España ya están tronando los parches. Hasta ahora, ese toque ha sonado por los miles de compatriotas que se llevó la incompetencia en la pandemia y por las víctimas que sus "amigos" terroristas dejaron en el camino. Pero la música está cambiando de dueño. Ahora empieza a sonar para ustedes y para esa banda de aliados que le sujetan el palio.

 

​Corran, señores, corran. ​Cuídese, Sr. Sánchez, que yo le quiero mucho, pero bien lejos: ya no vale su rendición. Váyase a su casa antes de que las trompetas dejen de sonar, porque cuando el silencio llegue, será tarde para usted y para su partido. Corran, que el tiempo se agota.

 

​Los españoles llevan en los genes el ansia de libertad y soberanía. Los antiguos conquistadores aprietan desde la historia y los fallecidos claman justicia desde sus tumbas. Antes de que se abran las puertas a los jinetes del apocalipsis electoral, tiene usted la opción de salir por tierra, mar o aire. Pero hágalo rápido, porque como esto empiece de verdad, no va a encontrar rincón en España donde esconderse de la memoria de un pueblo harto.

 

​El tiempo se acaba. El tambor ya suena.