9 Septiembre 2026
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Dominus et Deus: el traje del emperador

Fernando Blanco Gómez

2 de Septiembre de 2026

 

Hay dos historias que están ligadas en la España actual: “El traje nuevo del emperador” y la del emperador romano Domiciano, que llegó a exigir ser tratado como “Dominus et Deus”, “Señor y Dios”.

 

En ambas aparece el mismo problema: cuando nadie se atreve a contradecir al líder y, como consecuencia de ello, la realidad deja de importar.

 

El emperador del cuento está desnudo, pero todos alaban su traje.

 

Domiciano no necesitaba que sus súbditos pensaran como él; le bastaba con que se comportaran como si nunca pudiera equivocarse.

 

Dos mil años después hemos perfeccionado el método.

 

Un presidente de Gobierno puede decir hoy una cosa y mañana hacer exactamente la contraria. Cambiar de opinión puede ser legítimo (hasta cierto límite, claro); lo verdaderamente curioso es contemplar cómo sus «súbditos» cambian también de relato sin despeinarse y en menos de veinticuatro horas.

 

Ayer: «Eso jamás ocurrirá». Hoy: «Siempre dijimos que podía ocurrir».

 

Ayer: «Es inadmisible». Hoy: «Era lo responsable».

 

Y si alguien recuerda las palabras de ayer, siempre aparece una explicación peregrina: las circunstancias han cambiado, se ha sacado de contexto o, sencillamente, “lo que ayer era blanco hoy resulta que siempre fue gris color fango”.

 

Una democracia puede tener gobernantes que se equivoquen, pero hace falta personas a su alrededor con la libertad de decírselo sin temor a “represalias”.

 

Lo peligroso comienza cuando nadie quiere ser quien diga que el emperador está desnudo.

 

Y quizá ese sea el verdadero problema: no que el emperador esté desnudo, sino que “todos lo sepan y que nadie de su entorno se atreva a decirlo”. ¿Verdad, mi “señor y dios” Sánchez?