El cortijo extremeño
Vicente Hurtado
9 de Mayo de 2026
La pasividad del extremeño al pagar sus impuestos, los más asfixiantes en relación con unos salarios que parecen de opereta, es solo comparable a la desfachatez de quienes los administran. Somos la comunidad que más aporta para mantener el cortijo más caro y menos productivo de Europa.
Hagamos números, si es que el cinismo de la clase política nos permite ver la calculadora:
El Pacto (PP-Vox): Nos han regalado una consejería más y dos vicepresidencias adicionales, cada una con su corte celestial de asesores, chóferes, vehículos oficiales y seguridad. Un despliegue del ego institucional que nos cuesta a los ciudadanos aproximadamente 3,5 millones de euros anuales en sueldos y prebendas innecesarias.
El capricho electoral: Esos 7 millones de euros dilapidados en unas elecciones anticipadas, celebradas en solitario porque a alguien le dio por jugar con el calendario, dinero que se esfumó como el humo de un tren averiado en mitad de la noche.
La herencia de los "Señores Ex Presidentes": La joya de la corona del esperpento extremeño. Casi 600.000 euros anuales para mantener oficinas, personal y séquitos de lujo a quienes ya no trabajan por esta tierra, pero que insisten en conservar su estatus de "Excelentísimos" a costa del bolsillo del trabajador que malvive en la cola de los índices de desarrollo.
Estamos hablando de más de 11 millones de euros en gastos superfluos, pura grasa burocrática, mientras Extremadura se desangra en la vía del tren y en el exilio de sus jóvenes.
Es una estructura diseñada por y para el privilegio. Cuarenta años de decadencia constante no son fruto del azar; son el resultado de mantener una corte de señoritos y caciques que han convertido la administración en su finca particular. Extremadura no es una comunidad autónoma; son las dos mayores provincias de España donde cuatro gatos malviven para alimentar a una clase política que vive en el siglo XVIII mientras nosotros financiamos su boato.
Señores, si esto es lo que llaman "estabilidad", mejor que se la queden ustedes. Porque al paso que vamos, no es que seamos los últimos de la fila; es que nos han quitado hasta el sitio en la cola para que no veamos cómo se reparten lo último que queda de nuestra dignidad.
Las promesas electorales (reducir el parlamento a la mitad) se perdieron en el camino . Ahora viene la hora de la verdad .
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