La Estética de la Indiferencia
V. Hurtado
27 de Marzo de 2026
Mire usted, asisto con una suerte de estoicismo ilustrado a este simulacro de primavera que, en marzo de 2026, parece más una tramoya de cartón piedra que un renacer colectivo. En Extremadura, la realidad se ha vuelto un ejercicio de equilibrismo entre el silencio de los pesebres y el ruido vacuo de una clase política que ha sustituido la gestión por el eslogan. Nos movemos entre el cinismo de los que mandan y la abulia de una ciudadanía que, mimetizada con el paisaje, parece haber claudicado ante la mediocridad institucional.
Observo los pasillos del SES, no como un usuario, sino como un cronista de la desolación, donde la ineficacia administrativa se disfraza de "ajustes" mientras el paciente aguarda un milagro que no figura en el presupuesto. Si señalar esta arquitectura del olvido es considerado una impertinencia, es que hemos confundido la cortesía con la servidumbre. Al final, en este teatro de sombras donde la verdad incomoda y la lisonja premia, uno descubre que la libertad no es un derecho concedido, sino una soberanía personal que se ejerce, precisamente, cuando todo lo demás —incluyendo la censura— nos resulta soberanamente indiferente.
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