Precio: Siempre se paga
V. Hurtado
24 de Febrero de 2026
Mis mayores siempre repetían una máxima: las tumbas no se profanan; el respeto a los muertos es el último bastión de la civilización. Hay una sentencia antigua que advierte: "Dejad descansar a los que partieron, o su fuerza renacerá para arrastrarnos con ellos".
Hoy, desde la quietud de mi jubilación, observo las ruinas de lo que creíamos sólido. Nos vendieron la mejor Sanidad del mundo hasta que en 2020 el COVID-19 nos golpeó: carecíamos de lo básico y miles de españoles murieron en soledad, enterrados sin despedidas.
Pero el castigo no cesó. En 2021, el volcán de La Palma devoró recuerdos bajo el fuego. Presumiamos de trenes de vanguardia hasta que tragedias como la de Galicia nos demostraron que nuestras infraestructuras eran de barro. Y luego, el cielo se rompió: las DANAs barrieron la nación, convirtiendo pueblos en cementerios de fango, sin darnos tregua para el luto.
Mientras tanto, los "padres de la patria" estrenan cazadoras ante las cámaras, prometiendo lo que saben que no cumplirán. Tras este rosario de calamidades, muchos nos preguntamos con el alma en vilo: ¿Por qué el pueblo carga con la culpa si no hizo nada? Si alguien profanó lo sagrado, que sea él quien pague el precio, y no quienes solo buscamos vivir en paz sobre una tierra que parece habernos dado la espalda.
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