Vuelta al cole en Extremadura: “La inclusión debe estar en el recreo, el comedor o las extraescolares”
8 de Septiembre de 2026
Más de 7.000 estudiantes con ceguera o discapacidad visual grave de toda España, 135 de ellos en Extremadura, afrontan estos días el inicio del nuevo curso escolar. El 99% lo hace en centros ordinarios, dentro de un modelo de educación inclusiva respaldado por los equipos de atención educativa de la ONCE, que les proporcionan los apoyos necesarios para seguir el currículo en igualdad de oportunidades.
Sin embargo, volver al colegio no significa únicamente regresar a las aulas. La experiencia educativa también se construye en otros espacios y momentos que forman parte de la vida diaria de los centros y que son fundamentales para el desarrollo personal y social del alumnado. “La jornada escolar incluye muchos otros tiempos y actividades. El recreo, el comedor, los horarios ampliados y las actividades complementarias y extraescolares son esenciales para el aprendizaje y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de la autonomía personal y de las competencias sociales”, explica Ana Llauradó, responsable de Atención Educativa de la ONCE.
Por ello, la ONCE recuerda que el alumnado con discapacidad visual tiene tanto el derecho como la necesidad de participar plenamente en todas estas actividades en igualdad de condiciones que el resto de sus compañeros.
Recreos para todos
El recreo constituye un espacio clave de convivencia y socialización. Para que sea realmente inclusivo, debe ofrecer oportunidades de juego y participación para todo el alumnado. La ONCE apuesta por patios accesibles, organizados en diferentes zonas y con propuestas variadas que favorezcan la interacción y el juego compartido. Asimismo, resulta fundamental que niños y niñas dispongan de un repertorio de juegos inclusivos que puedan elegir y disfrutar de forma autónoma, siempre con la adecuada supervisión adulta.
El comedor como espacio de autonomía
Del mismo modo, el comedor escolar representa una oportunidad privilegiada para fomentar habilidades esenciales para la vida diaria. “Espacios como el comedor permiten reforzar la autonomía del alumnado con discapacidad visual en tareas cotidianas como la alimentación o el aseo”, señala Llauradó.
Los técnicos de rehabilitación de la ONCE enseñan a estos estudiantes a desenvolverse de forma independiente según su edad y desarrollo, realizando acciones como cortar los alimentos, servirse agua o mantener hábitos de higiene personal.
Aprender también fuera del aula
Las actividades complementarias, desarrolladas dentro del horario lectivo, enriquecen el aprendizaje a través de experiencias prácticas y vivenciales. Para garantizar la participación de todo el alumnado, es importante que incorporen enfoques multisensoriales y que los materiales se preparen y adapten previamente cuando sea necesario. Las actividades extraescolares también desempeñan un papel fundamental. Son un entorno idóneo para descubrir intereses, desarrollar habilidades artísticas o deportivas y fortalecer las relaciones sociales, aspectos especialmente relevantes para el desarrollo integral del alumnado.
“Todos los espacios, tiempos y actividades que conforman la vida escolar son enormemente enriquecedores para el conjunto del alumnado y, especialmente, para los estudiantes con discapacidad visual, siempre que se planifiquen teniendo en cuenta la diversidad y se incorporen estrategias y recursos que hagan efectiva la inclusión”, concluye la responsable de Atención Educativa de la ONCE.
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