7 Junio 2026
2 . 054 . 114 lectores

OPINIÓN: Bienvenida a un hombre humano

Pedro Cañada - Extremadura Unida

6 de Junio de 2026

OPINIÓN: Bienvenida a un hombre humano

 

Cuando vemos con cuánta insensatez, algunos tratan de que la humanidad pierda su naturaleza; cuando el sujeto persona se licúa, se trata de que no tenga más importancia que un animal cualquiera. Vemos con alegría a un hombre que defiende la vida de toda persona y desafía las amenazas de quienes no tienen más normas que el poder y la fuerza.

 

El Papa no viene sembrando odio, sino la mejor vida posible de cada humano, de cada persona capaz de ser solidaria, incluso con los enemigos. Hay cosas que valen tanto como la vida propia y hay quien la ofrece y la da por los demás.

 

El odio no da la felicidad, el amor sí puede. Necesitamos una España solidaria, incluso con los que se equivocan. Nos equivocamos todos, pero hay que superar el odio, el egoísmo, la avaricia que todo lo quiere para sí y para los suyos. El egoísmo mezquino, que a veces nos invade, vale la pena superarlo por la convivencia pacífica.

 

El alma tiende naturalmente a la bondad, a la generosidad con el débil. Los mismos animales son solidarios con su especie. ¿Cómo se explica que los mayores enemigos del hombre sean algunos hombres que prefieren dejar su responsabilidad en manos de la máquina y prescindir de nuestra propia naturaleza?

 

Ahora parece que el hombre arremete contra sí mismo, porque su valor superior es la fuerza. Hace falta un auténtico humanismo de inspiración cristiana. Siempre será mejor la amistad, la solidaridad con el caído y ayudarle a levantarse, que ayudar a caer al débil. El hombre tiene la capacidad de volverse a levantar con la ayuda ajena.

 

Queremos la igualdad no solo entre hombres y mujeres, sino entre todos los hombres. Asumimos la solidaridad con todos los seres vivos; pero no renunciamos a la jerarquía, a los valores de la persona humana. El hombre es lo mejor después de Dios, o lo puede intentar.

 

Nos preguntamos si existe el hombre o si están tratando de eliminarlo, por obsoleto ante las máquinas y la inteligencia que ha creado el mismo hombre. No aspiramos a ser dioses; pero sí a una convivencia pacífica y solidaria con los demás hombres, por encima de las armas que tengan y del poder de la fuerza sobre los más débiles. Hay que ayudar a levantarse al caído, al que necesita la solidaridad de los demás, aunque no sea nuestro amigo.

 

No a las guerras; no a las injusticias; sí a la solidaridad; sí a la generosidad. No entendemos por qué hay que rechazar una moral solidaria como la cristiana, para asumir la moral del más fuerte, del más poderoso.