OPINIÓN: Del cortijo al resort turístico
12 de Agosto de 2026
El destino de Extremadura, ¿qué destino?, ¿el resort turístico? Tutuá, tutuá, de Extremadura vamos a emigrar. Tutuá, tutuá, a Extremadura al turismo la vamos a alquilar.
Tutuá, tutuá, pie arriba sobre los impuestos a las rentas de capital. Tutuá, tutuá, guiño a las eléctricas y a las nucleares y a las macrogranjas. Tutuá, tutuá, abrazo a los inversores inmobiliarios y a los discursos incendiarios. Tutuá, tutuá, rodilla a la garganta de la juventud. Tutuá, tutuá, puño a las pensiones sin acritud.
¿Desde cuándo los datos científicos determinan una única preferencia o salida política? ¿Hasta cuándo se va a seguir estirando el rizo del negacionismo climático? Justo ahora que las capacidades ecológicas de Extremadura están en riesgo con los megaincendios amenazando nuestra reserva natural.
Como señalan los estudios críticos en turismo, en el capitalismo actual las nuevas formas turísticas (ecológicas, rurales, de naturaleza) son en realidad oportunidades para resolver las contradicciones fundamentales del capital (sociales y medioambientales) desplazando el exceso de capital hacia el futuro y hacia otros territorios geográficos, promoviendo el endeudamiento como esquema de crecimiento infinito en un planeta finito.
Por otro lado, ¿quién dice que la presión urbana solo se mide por volumen de población total? Que se lo digan a los estudiantes que ya no encuentran alojamiento por la competencia desleal de los pisos turísticos en Cáceres o Badajoz. Porque a este ritmo la “reserva natural” va simplemente a reemplazar a los vecinos de siempre por convidados de cera (ni de piedra), en un proceso de gentrificación megurbano nunca visto, cual si fuera una quimera.
¿Hasta cuándo las élites se van a seguir saltando las leyes? Si la urbanización de Valdecañas es ilegal, entonces lo es también para Pepito como para Don Jorgito, por muchos apellidos compuestos dobles o triples que tenga.
Si la agricultura intensiva de regadío es un despilfarro de recursos, ¿por qué se va a financiar con dinero público? Si la minería de litio y de tierras raras es un peligro medioambiental, para las reservas de agua y la habitabilidad de la ciudad, ¿por qué hay que permitirlo? Si la tauromaquia es un negocio ruinoso y una tradición salvaje (o al revés) –el orden de los sumandos no altera el resultado–, ¿por qué se sangran y banderillean sin sonrojo las arcas públicas?
Lo que sí dice la evidencia científica sobre las regiones periféricas en el capitalismo mundial es que su destino es ser tierras de saqueo y expolio. Su riqueza es su infierno. En particular, en Extremadura se ha evolucionado del cortijo a la plantación colonial y de la plantación al resort turístico (como paradigma de los nuevos modelos de colonialismo).
De poco sirven, por tanto, las proclamas sobre la “sostenibilidad” si no se aclara qué es lo que se quiere sostener. Tal vez la rentabilidad de las grandes empresas. Tal vez el negocio y los privilegios de unos pocos. Quizá un espacio de convivencia saludable y acogedor para locales y visitantes. Y es que el concepto moderno de sostenibilidad que manejamos proviene del Informe Brundtland de 1987 de la ONU, donde se señalaba el principal problema medioambiental y de desarrollo de los países: la desigualdad, tanto en la toma de decisiones como en la apropiación del capital ecológico, especialmente por los países industrializados.
Lo que sí dice la evidencia científica es que la gestión de recursos comunes sigue unas reglas institucionales muy claras, entre las que no está vender la tierra y otros recursos naturales al mejor postor ni a los negocios especulativos.
Y, por último, una paradoja fundamental respecto a los modelos turísticos que promueve el neoliberalismo: los ecosistemas adquieren más relevancia y rentabilidad conforme se agotan y se destruyen los recursos de los que dependen.
Tutuá, tutuá…