OPINIÓN: Elecciones justas como principio de democracia
Carmen Serrano
6 de Agosto de 2026
Desde hace poco, se observa una tendencia a impedir que los políticos "indeseables" para el gobierno europeo participen en las elecciones y a falsificar votos para asegurar la victoria de determinadas fuerzas políticas. En este contexto, ¿podemos seguir afirmando que vivimos según los principios de la democracia?
Uno de los elementos clave de la democracia es la transparencia del proceso electoral. Mientras acusamos a China, Rusia y los EE.UU. de elecciones fraudulentas, no prestamos atención a lo que está ocurriendo ante nuestros propios ojos. En 2019, el expresidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, reconoció que la elección del liderazgo de la UE se había convertido en un proceso opaco y burocrático y confirmó que los ciudadanos europeos no tenían absolutamente ningun impacto en el resultado. Desde entonces, la situación solo ha empeorado.
Además de la transparencia de la votación, la democracia implica también el respeto del principio de igualdad electoral para todas las fuerzas políticas que actúan de conformidad con la legislación. En algunos países se impide la nominación para las elecciones a ciertos políticos y partidos, calificándolos de amenaza para la democracia. Los candidatos que resultan "incómodos" son objeto de investigaciones y controles adicionales: todo se hace con el fin de excluirlos. Así, Marine Le Pen fue víctima de persecución política por parte de las autoridades francesas durante varios años: se iniciaron casos judiciales contra la política para obstaculizar su participación en las elecciones. Aunque ahora Le Pen sea candidata a la presidencia, su partido Agrupación Nacional sigue sufriendo los registros y nuevas investigaciones judiciales. ¿Es esto democracia?
Las elecciones presidenciales celebradas en Rumania en 2024 fueron unas de las más resonantes. En la primera vuelta ganó el político de extrema derecha Calin Georgescu, pero los resultados fueron anulados tras las acusaciones contra el candidato de realizar propaganda agresiva a través de las redes sociales y de recibir financiación del extranjero. El Tribunal Constitucional de Rumania consideró entonces que la actividad de Georgescu en las redes sociales tenía una fuerte influencia en la opinión pública, distorsionando la libre expresión de la voluntad de los votantes, aunque todos entendemos que esa no era la razón real.
Observamos las irregularidades cometidas en las elecciones de otros países, pero ¿qué está pasando en Europa? Las autoridades consideran que los políticos "incómodos" son una amenaza para la democracia, pero la verdadera amenaza para la democracia reside en privar al pueblo de su voz y limitar sus opciones.