OPINIÓN: Luchar contra la langosta, pero dentro de unos límites
11 de Abril de 2026
Fotografía de Manuel Calderón (FONDENEX)
Las primeras noticias de devastaciones producidas por la langosta datan de 1584, siendo las mayores plagas las de 1922-1923 y las de 1939-1940. En la década de los noventa, como “plaga”, la langosta ya no era un peligro en España. Pero por ello, no se podía dejar de controlar y vigilar. Se tenía que conseguir que no apareciera la temida “fase gregaria” (la plaga) y se quedara en “fase solitaria”.
En Extremadura existen dos zonas en las que las langostas están en fase solitaria: La Serena y los Llanos de Cáceres. El control de estas comarcas es fundamental, ya que en caso de producirse una plaga, se podrían afectar extensas áreas de toda España.
De entre los ortópteros (langostas, saltamontes, grillos, etc…) que viven en los llanos de Extremadura, solo la langosta marroquí (Dociostaurus maroccanus) es el único que se puede convertir en un peligro para los cultivos.
En la langosta marroquí hay dos fases: la “solitaria”, que se establece bajo condiciones de ambiente normales, y la “gregaria” que se asocia en número extraordinario desde el nacimiento. En la fase solitaria la proporción de machos/hembra es de 1/1. En la fase gregaria, de 1/10. En la fase solitaria una hembra produce un solo canuto de unos 30 huevos. En la gregaria, una media de cuatro canutos de 30 huevos cada uno. Las langostas gregarias emigran en bandos de incontable número, provocando “PLAGAS”, mientras que en la fase solitaria no emprenden vuelos en grandes masas, causando daños muy localizados.
Para definir una plaga de langostas no se puede utilizar la densidad de ortópteros por metro cuadrado. Para hablar de “plaga” se tienen que cumplir los siguiente parámetros: cuando el índice élitro/fémur de los machos es mayor de 1´39 y en las hembras, de 1´70; cuando el élitro es mayor que el fémur en el 75% y el ala mayor que el fémur en el 60%. Además, las langostas en la fase gregaria tienen las mandíbulas negras, mientras en la solitaria, claras. Además, la transformación de la fase solitaria a gregaria no es repentina, sino que dura dos o más años, obedeciendo a circunstancias ambientales, por lo que se puede prever.
El método principal y casi exclusivo de lucha contra la langosta en los llanos extremeños fue la fumigación desde avionetas y helicópteros con malathion, hasta que se prohibió en 1994, ante la presión de las entidades conservacionistas. Su toxicidad apícola es muy alta, al igual que para los peces y baja para los mamíferos.
¿Y para las aves? Pues, sin duda, sí. El malathion es lesivo para las aves de dos formas:
-
Directamente, ya que a determinadas concentraciones es un tóxico para los pollos de corta edad.
-
Indirectamente, ya que deja a las aves adultas y, sobre todo a sus pollos, sin alimento, en la época más crítica de su desarrollo.
Y no se trata sólo de avutardas, sisones, cigüeñas blancas y cernícalos primillas. También de perdices, especie tan apreciada por los cazadores: una de las principales causas de su disminución fue… el malathion.
¿Hay alternativas a las fumigaciones si se sospechara una plaga?
Pues claro que sí:
-
Labores de invierno: la roturación profunda entierra el canuto e impide la salida de las larvas y la superficial hace morir al germen por heladas o desecación.
-
Trochas de zinc.
-
Lucha biológica: hay insectos que son enemigos de las langostas, tales como Glossista infuscata, Trichodes amnios o Decticus albifrons, y aves, como las avutardas, sisones, cigüeñas, carracas, etcétera, que comen langostas,… por millones.
-
Y por último, el tratamiento terrestre: en las fases iniciales del desarrollo de la langosta, se puede aplicar fenitrotion, deltamethrin y otros productos sobre las manchas y cordones de estos ortópteros, y con muy buenos resultados.
Recientemente se ha celebrado la anual Mesa de la Langosta, coordinada por el Servicio de Sanidad Vegetal de la Dirección General de Agricultura de esta Consejería de la Junta de Extremadura, que reúne a una serie de entidades relacionadas con el tema. A ella asistió un representante de ANSER y FONDENEX.
En 2025 se prospectaron 458.000 has. en Extremadura, de las que en 730, todas ellas en Badajoz (La Serena), se encontraron concentraciones de alta intensidad. Para ello, la Consejería de Agricultura contó con 194 equipos terrestres y 32 drones.
Por lo tanto, y en cuanto a prevención de una posible plaga, los deberes están bien hechos, pero surge un problema importante: la disponibilidad de alimento para aquellas especies de aves que tienen como uno de sus recursos tróficos las langostas.
Mientras en La Serena la población de langostas se mantiene dentro de unos límites razonables en cuanto a concentraciones y disponibilidad de alimento para las aves, en los Llanos de Cáceres, excepto en los de Brozas, llama la atención la exigua presencia, no sólo de langostas, sino de otros optópteros.
En la Mesa de la Langosta se examinó este problema y no se encontró explicación a esta situación, sobre todo si se tiene en cuenta que hace más de cuatro décadas que se dejó de fumigar con malathion.
¿Cambio de aprovechamiento ganadero, sustituyendo ovejas por vacas? ¿Disminución de la superficie cultivada con cereales? Lo cierto es que se ven pocas langostas y esto puede afectar a las aves esteparias, como avutardas, sisones, carracas y a otras, como la cigüeña blanca.
ANSER y FONDENEX propusieron al Director General de Agricultura que se llevara a cabo un proyecto en los Llanos de Cáceres para intentar determinar la drástica disminución de la langosta marroquí, pues esto podría afectar la supervivencia de distintas especies de aves protegidas.
Controlar la población de langostas es importante para prevenir el paso de fase solitaria a gregaria, pero, como dice el refrán, “en el término medio está la virtud”.