OPINIÓN: Pedro Sánchez, maestro del escapismo
Una vez más. Al igual que hiciera en abril de 2024, cuando se tomó aquellos cinco días para reflexionar, el presidente del Gobierno ha vuelto a demostrar que, más allá de concordar o no con su ideología, es un maestro del escapismo.
En medio de la crisis de Ceuta, de los casos de corrupción que le rodean, de los procedimientos judiciales que afectan a su hermano y a su mujer y del descontento generalizado en las calles, Sánchez ha vuelto a sacarse el enésimo conejo de su chistera, valiéndose de la popularidad repentina del problema de la vivienda.
Después de presentar dos decretos a contrarreloj que no contentaron a la totalidad de sus socios de Gobierno ni a la mayoría de la opinión pública, decidió anunciar la convocatoria de elecciones disolviendo las Cortes en un momento en el que parecía estar contra las cuerdas.
Un movimiento arriesgado, a juzgar por ciertas encuestas que le sitúan bastante lejos de la mayoría necesaria para seguir siendo presidente. Sin embargo, cuando todo parecía jugar en su contra, Sánchez ha vuelto a revolucionar el tablero.
El anuncio de un nuevo paquete de medidas para combatir el problema de la vivienda no es únicamente una respuesta a una de las principales preocupaciones de los españoles. Es también una forma de recuperar la iniciativa política y, sobre todo, de cambiar el terreno de juego de la campaña electoral.
Sánchez no necesita solucionar el problema de la vivienda antes de las elecciones. Le basta con conseguir que el debate político deje de girar en torno a la corrupción, los procedimientos judiciales o el desgaste de su Gobierno y vuelva a situarse en un terreno en el que pueda presentarse como parte de la solución. Aquí está la jugada.
Valiéndose de la Diputación Permanente hasta que exista un nuevo Gobierno, pretende sacar adelante las medidas con los apoyos justos y convertirlas en una carta de presentación de cara al 29 de noviembre. Una estrategia que busca proyectar una imagen de iniciativa y capacidad de respuesta justo cuando todo parece en su contra. No se trata únicamente de aprobar medidas. Se trata de marcar la agenda.
La política, al fin y al cabo, también consiste en decidir qué se discute y qué queda fuera del foco. Y Sánchez ha demostrado en numerosas ocasiones una extraordinaria capacidad para hacerlo. Cuando parece acorralado, encuentra una vía para desplazar el debate, cambiar las prioridades y ganar tiempo. Ahora pretende hacer lo mismo con la vivienda.
La jugada es arriesgada, pero tiene sentido desde el punto de vista electoral. Si consigue que el problema de la vivienda ocupe el centro de la campaña, podrá competir en un terreno en el que tiene un relato que ofrecer: el de un Gobierno que actúa frente a una de las principales preocupaciones de los ciudadanos.
La cuestión es si los españoles comprarán ese relato. Una cosa es cambiar el foco y otra muy distinta solucionar el problema. Sánchez no necesita ganar todas las batallas. A veces le basta con conseguir que la batalla se libre en otro lugar. Se trata de una vieja idea del autor y estratega chino Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’: la mejor victoria es aquella que se consigue antes de entrar en combate.
De nuevo, Sánchez parece haber encontrado la puerta de salida, el hueco por la rendija. El maestro del escapismo vuelve a escena.