OPINIÓN: Por un precio justo para los cereales
6 de Mayo de 2026
La guerra en Irán está teniendo un impacto muy diferente al que tuvo, en sus inicios, la guerra en Ucrania. El conflicto en Oriente Medio ha provocado un incremento súbito y desmesurado del precio de carburantes y fertilizantes. Al mismo tiempo, los precios de los cereales se mantienen en niveles muy bajos.
Todos los sectores agrícolas y ganaderos están sufriendo el incremento de los costes de producción, pero en determinados sectores la evolución del precio de los insumos tiene un mayor impacto. Es el caso de los cultivos extensivos, donde las cotizaciones se han hundido en las últimas semanas hasta llegar a un punto históricamente bajo, con la cebada cotizando a 182 euros por tonelada, el trigo a 203 y el maíz a 219 euros por tonelada.
Los cultivos que más están sufriendo el incremento tanto de gasóleo como de fertilizantes son los cultivos de regadío y muy especialmente el maíz, debido a los bajos precios. En este grupo de más damnificados debemos citar también al arroz, que está pasando también por una crisis de precios, con stocks muy altos en manos de la producción.
Desde UPA creemos que es muy posible que las siembras de maíz y arroz –los cultivos “estrella” del regadío español– se reduzcan en esta campaña, debido a la gran incertidumbre que sufren los agricultores y las enormes dudas sobre su rentabilidad.
Sectores en pérdidas
Los abonos de fondo han subido de media de 100 a 140 €/tonelada. Los nitrogenados, especialmente la urea, se han disparado. Hay zonas donde no se da ni precio, y en otras va de los 850 €/t a los 920 €/t. Incluso en el campo está empezando a correr la idea de que pudiera haber desabastecimiento de nitrogenados en la parte final de la campaña por la reducción de las importaciones y de la producción nacional, por los altos precios del gas natural, materia prima de este insumo.
En UPA hemos realizado una simulación sobre la base de los estudios ECREA, del Ministerio de Agricultura, con impactantes resultados: En el caso del maíz, si consideramos el precio de venta en origen del producto, los costes de carburante y fertilizante, y dejando el resto de variables constantes respecto a 2024, incluyendo la ayuda anunciada de 55 euros por hectárea, un agricultor medio pasaría de tener un beneficio de 247 euros/hectárea a unas pérdidas de 346 euros/hectárea. Algo inasumible para el sector. Consideramos que el precio del maíz pagado al agricultor debería estar a un mínimo de 251 euros/tonelada para cubrir los costes de producción y cumplir así la Ley de la Cadena Alimentaria.
En el resto de sectores de regadío, el impacto de esta crisis va a ser muy importante también, especialmente en arroz, remolacha, algodón y tomate para industria. Si hablamos de los cultivos leñosos, es previsible que resistan algo mejor los efectos de esta situación, pues su estructura de costes no es tan dependiente de combustibles y fertilizantes.
Si nos fijamos en la cebada, el impacto del encarecimiento del precio de fertilizantes y gasóleo es menor que en el caso del maíz, por ser éste un cultivo de otoño-invierno, pero aun así la simulación apunta que, sobre una producción media en secano de 2.861 kilogramos/hectárea (y teniendo presente que la evolución de las temperaturas, viento y lluvias de los dos últimos meses apuntan a una reducción muy notable de las buenas expectativas de cosecha que había a la salida del invierno para los secanos españoles) y un precio de 182 €/t, las pérdidas por hectárea ascienden a 175 euros. Y teniendo en cuenta la futura ayuda de 22 €/ha por el incremento del precio de los fertilizantes. Sería necesario que el precio de la cebada se situase en 243 €/t solo para cubrir costes.
Sensatez, responsabilidad y acción
Desde UPA nos vemos obligados a reclamar una vez más sensatez y responsabilidad a los agentes del sector que intermedian en la compra de productos agrícolas. No cabe duda que hay operadores que están influyendo en la conformación de precios anormalmente bajos para las citadas materias primas (maíz, trigo, cebada, arroz...) que juegan a especular con las cotizaciones de las materias primas obteniendo beneficios de esta situación.
Hacer país es trabajar por que la cadena alimentaria sea una cadena de valor, esto se está consiguiendo en otros sectores de la agricultura española, pero no en el de los cereales. Estos alimentos siempre han sido una commodity sujeta a los precios internacionales, pero hay elementos en clave nacional que deberían hacer que el precio de los cereales fuera sensiblemente más alto que el precio de ruina que se está pagando a los agricultores.
Es el momento para que la industria de los piensos dé un paso al frente y se plantee pagar por los cereales un precio que cubra los costes de producción de los agricultores españoles. Ya está bien de arruinar a un sector cuando hay razones objetivas para elevar el precio de los cereales.
A río revuelto, ganancia de pescadores, siempre se ha dicho, y es evidente que la agricultura española se encuentra en este momento en un “río revuelto” de costes disparados, shocks geopolíticos, clima adverso y cotizaciones bajas de sus productos. Y en esta situación solo nos falta identificar claramente a los “pescadores”: intermediarios y agentes del sector que se benefician de una situación de precios hundidos en origen.
Sin embargo, ni las comunidades autónomas, ni el Gobierno español ni la Unión Europea pueden quedarse de brazos cruzados ante esta situación. Reclamamos que tomen cartas en el asunto y actúen convocando a todas las partes implicadas –agricultores, operadores, industrias...– para asegurar que se cumple la Ley de la Cadena Alimentaria y se mantiene una rentabilidad adecuada que nos permita sacar adelante las cosechas.
Debemos recordar que en los últimos diez años, España ha perdido un millón de hectáreas de cereales que han pasado a leñosos. Esta deriva nos hace más débiles como país y debería hacer que todos los actores de la cadena alimentaria y responsables políticos se alarmen y actúen.
Nos jugamos nada más y nada menos que nuestra soberanía alimentaria, los suministros para nuestra industria y alimentaria y nuestras cooperativas, el alimento base para nuestra ganadería y el medio de vida de miles de hombres y mujeres que cada año invierten sus esfuerzos y sus economías en sembrar para después recoger y alimentarnos a todos, cobrando por ello un precio justo. ¿Tan difícil es de conseguir?