OPINIÓN: ¿Por una palabra?
30 de Marzo de 2026
Por una palabra se perdió una categoría. Por esa categoría se perdió una cultura, un modo de entender y de ser del mundo.
No quisiera equivocarme haciendo de una metáfora, una hipérbole en esta afirmación. Sé que hay otros modos de entenderla y no como pérdida, sino como cambio, como otro modo de ver esa misma realidad.
La degradación del concepto como representante de la realidad, de las cosas, puede llegar a la degradación de la propia realidad de las cosas a que se refiere.
Si, como dice Nietzsche, el concepto convierte la realidad en “MOMIA” porque paraliza el movimiento, el devenir, el lenguaje no serviría para comunicarnos y hablar de las “realidades” que creemos conocer, porque la realidad entera está en movimiento.
La degradación del concepto, de su representación auténtica de las cosas, puede llegar, si no ha llegado ya, a la degradación de la propia realidad a que se refiere. Si el concepto no representa la realidad de las cosas, la realidad no sería identificable, sería “anónima”, “innombrable” porque el nombre no la representaría. ¿De qué hablaríamos? Dicho con cierta exageración, al perder el nombre, se pierde la realidad. Con palabras de Baudrillard, “ya no sería el asesinato de Dios, sino de la propia realidad”.
Si todo en el mundo se mueve a la vez que dura en el ser y el concepto no lo representa, estaríamos dando por bueno un mundo de falsificaciones. El devenir no sería representado por los conceptos, por los nombres que pretenden representar las cosas.
Sinceramente, tengo la impresión de que los conceptos siguen siendo útiles y necesarios en una “cultura humana”; pero, también, soy consciente de que una serie de pensadores ponen en tela de juicio algunas categorías, como la sustancia de Aristóteles, que nos han servido y siguen sirviendo, de hecho, para entendernos.
La sustancia, la relación, el sujeto humano, el objeto, la verdad que, por otra parte, utilizan los mismos que la niegan, dan la impresión de que vivimos en un mundo distinto.
Si se niega la sustancia, el concepto, ¿a qué nos referiríamos cuando hablamos de árboles, de personas humanas, de animales? ¿qué serían los ocho mil trescientos millones de hombres, si no son sujetos, personas con responsabilidad? ¿Para qué servirían las leyes, los jueces, la responsabilidad, las naciones? Me vienen a la mente algunos científicos que, en su trabajo y sus investigaciones, son ateos, pero los domingos van a misa.
Estas reflexiones no son dogmáticas. Tratan de hacer reflexionar sobre el andamiaje de que está hecho el mundo y no considerar al hombre como especie suprimible en el altar del progreso o la tecnología sin objetivo. El progreso debe estar finalizado por el hombre y no sacrificar al hombre por el progreso.