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OPINIÓN: ¡Qué lástima, SOY FACHA!

Tomás J. Cortés Sánchez

29 de Febrero de 2024

OPINIÓN: ¡Qué lástima, SOY FACHA!

 

He descubierto que, según el Gobierno, soy facha. Sí, señores, sí. A pesar de huir media vida de que me etiquetasen, soy FACHA, pero no por ser de derechas, conservador, o por ideales políticos, no. No es por eso. Soy FACHA con mayúsculas por ser GANADERO.

 

Para explicar o argumentar mi exposición, entiendo que lo primero que debo escribir es la definición de facha. Viene a decirnos dicha definición que se denomina a una persona facha cuando tiene ideas conservadoras, tiene simpatías hacia el fascismo de Mussolini, o hacia el franquismo. Suele utilizarse como insulto o en tono despectivo.

 

A ello debo exponer un par de reseñas:

 

1. Era un niño cuando Franco gobernaba sus últimos años, con lo que apenas puedo hablar de esa terminología o política.

 

2. Respecto a Mussolini ni le he conocido ni he estudiado su ideología, al contrario que la preconizada por su alter ego Karl Marx “El capital”, la cual la estudié incluida en la materia de Filosofía en BUP.

 

Entiendo que haber leído a Marx “El capital” o a Engels en “Principios del Comunismo (1847)” no me hace comunista. Así mismo durante mi época de estudiante tuve contacto con las ideas liberalizadoras de las teorías de Adam Smith, en su obra “la riqueza de las naciones” o de Keynes. Explicado este punto, resulta que me he hecho ganadero y ese es mi pecado.

 

Protesto porque llevamos tres años consecutivos vendiendo nuestros productos por debajo de coste. Primero fue el COVID, que nos machacó con unos precios muy por debajo de los costes de producción, pues la gente, debido a la histeria colectiva (recuerdo que escasearon productos como el papel higiénico y las latas de conservas) solo comía la comida más barata. Entonces los que producíamos corderos no sabíamos qué hacer con ellos, vendiendo en el mejor de los casos los corderos a 30 euros presentados en bandejas limpios de vísceras y preparados para consumir (todo por debajo de los costes de producción). Con el bovino y el porcino ibérico nos sucedía otro tanto de lo mismo: no había consumo y por ende no había precio. El sector avícola tuvo un mejor comportamiento, pero los ganaderos, por lo general, se empobrecieron de manera significativa.

 

Entonces el gobierno sacó su batería de ayudas, que se redujeron para los autónomos, y que por regla general llegaron en forma de financiación. Es curioso que la financiación lo único que te da es un aplazamiento de los compromisos de pagos; es decir, te da tiempo para que rehagas tu empresa, o la reformules, pues tienes al año siguiente que empezar a pagar/amortizar la financiación, lo cual representa otro coste para afrontar la campaña siguiente.

 

Bien, pues si la empresa agraria/ganadera estaba muy tocada, al año siguiente estaría más. Después de un 2021 que mejora las perspectivas sin llegar a los niveles prepandemia, nos enfrentamos a un 2022 cruel para el ganadero, donde los IMPUTS le suben de un 50 a un 100 % y su producto sube en el mejor de los casos un 20 %.

 

Esto se traduce en un empobrecimiento brutal, que en estos sectores es más cruel por la razón que para mantener su capacidad productora los ganaderos tienen que seguir alimentando al ganado. O sea que, aunque le pierda dinero a los productos que saca ese año, tiene que perder el doble para que el siguiente año pueda tener producción. Claro, ahora caigo, que las vacas/ovejas/cerdos/gallinas comen todos los días. ¡Que despiste!

 

Esto tan solo teniendo en cuenta que lo primero que sube son los cereales debido a la guerra de Ucrania, y el cierre de las salidas de grano con lo que a nuestros ganaderos el alza del grano les afecta a la yugular.

 

La segunda derivada viene dada en el caso que como lo siguiente que sube son los derivados del petróleo (gasoil, fitosanitarios, plásticos, abonos, fertilizantes) volvemos a meter a nuestro ganadero otro chute de veneno, pero esta vez diremos que va directo a la carótida.

 

La tercera derivada llega cuando se transmite una inflación galopante (de dos dígitos) al resto de los bienes y servicios, sucediéndose o incrementándose el empobrecimiento de los agricultores/ganaderos (ahora va directo a la femoral).

 

Con otras palabras, lo que necesito para producir con mis animales, o con mis cultivos, me sube más de un 100 %, pero mi producto (cosecha o animales) ha subido un 20 %. En este supuesto caso he perdido poder adquisitivo de un 80 %, en el mejor de los casos. Que sí, que tenéis razón, que hay más variables en esa ecuación, pero debo decir a mi favor que, a groso modo, de esta forma se explica mejor.

 

Pasamos a otro año, que viene ¡EL GRAN 2023! Según se van adecuando los precios, tenemos una sequía tremenda, brutal, salvaje, feroz, que provoca otro alza de precios de las materias primas, pues como no hay cosecha, los que lo han visto venir acumulan los recursos para ganar más, y mientras nuestros pobres ganaderos tienen que volver a endeudarse para poder mantener sus explotaciones.

 

Pero como los males no vienen de uno en uno se une la pandemia producida por el mosquito que provoca la EHE o enfermedad hemorrágica epizoótica, siendo la puntilla para muchos ganaderos. De forma tal que, otro año más, sale más asequible vender las vacas en primavera y comprar nuevas en otoño que mantenerlas. Esto provoca que se mande al matadero una ingente cantidad de bovino, porcino y ovino para poder contrarrestar los costes en los precios.

 

Cuando un sector económico se empobrece, este se lleva por delante a toda la industria accesoria. En nuestro caso, si el ganadero no tiene dinero, no puede invertir en mejorar su explotación, el comerciante de material ganadero por supuesto que vende menos y, por tanto, comprará menos hierro, y de esa forma conlleva al desastre económico de muchas otras industrias accesorias.

 

A grandes rasgos es la situación de estos tres últimos años del ganadero. Sin embargo, el precio de los productos destinados al consumidor final no han parado de crecer en la misma proporción. Hay productos donde el alza de precios es de un 700 u 800 % de incremento (como en la fruta de hueso como la ciruela). En el caso del ganadero cuando vende un cordero por 100 euros creyendo que es un buen precio, y más tarde en la carnicería un consumidor paga 100 euros por un carré o costillar. Con eso que sería una cuarta parte del cordero se ha pagado al productor el precio. Entonces ¿dónde se va toda la ganancia? ¿Cuántos factores más entran en juego?

 

Ciertamente se puede decir sin temor a equivocarse que muchas explotaciones han cerrado, que muchas están bajo mínimos, que otras están mejor, pero sin duda heridas de gravedad en sus cuentas.

 

Una vez explicada la situación de nuestro ganadero, ante el panorama tan desolador, este, de forma espontánea, sin ayudas de asociaciones ni de empresas, ni de organismos, ni de sindicatos, decide protestar, decide quejarse, pedir ayuda para salvarse. Estimo que eso no es tan grave. Expone entre sus quejas que con unos márgenes comerciales pequeños no puede salir adelante, pide ayuda para él, para los suyos, para sus animales.

 

Pero claro, no está en la onda, algunos políticos los desprecian, e incluso alguno se atreve a decir que no saben nada de ecologismo, que son incultos o barbaros. Según esto, entonces el ganadero deberá formarse en las ciencias sociales que dicten los políticos, en sus ideales y solo así serán escuchados. Vamos como lo del asunto del cine español, que año tras año recibe más subvenciones y más presupuesto, pero que por el contrario cada año se producen películas de peor calidad y menos espectadores acuden a las salas de cine. Eso sí, para ese sector SÍ HAY SUBVENCIONES.

 

A simple vista me parece que hay dos mundos de distancia entre ambas descripciones. Y yo por poner estas ideas RESULTA QUE SOY FACHA.

 

Sí, soy facha porque tengo callos en las manos

Soy facha porque soporto el agua, el viento y el frío.

Soy facha porque vendo la camisa que tengo puesta para pagar mis deudas.

Soy facha porque doy más valor a la palabra que a un contrato.

Soy facha porque mis animales tendrán las mejores atenciones sanitarias y alimenticias, aunque yo me arruine.

Soy facha porque los recursos que gano los tengo que invertir en el negocio.

Soy facha por protestar, por sacar el brazo cuando me estoy ahogando, por pedir ayuda, auxilio, porque soy el mayor ecologista, y el más sostenible, el que se levanta y acuesta con el sol, el que no tiene domingos ni fiestas, el que está alerta todos los días del año, el que apenas puede coger unos días de vacaciones pues tiene una paridera, el que llega a la administración para entregar una documentación y el personal que le atiende está tomando café o bien le impiden a través del exceso burocrático que realice la gestión, perdiendo un día entero en un solo trámite.

Soy facha porque acudo a mi casa sucio de barro o de polvo, mojado por la lluvia o por el sudor, quemado por el sol, porque soy bicolor. ¿Que no me pongo moreno? Pues en el campo no puedes ir con el torso destapado.

Soy facha porque soy el último en cogerse vacaciones, pues en verano es cuando hay más trabajo, por lo que debo cogerlas en invierno que es cuando los días son más cortos.

Soy facha pues soy inculto, pobre, bruto, contaminador, sucio, desagradable y manipulador.

Soy facha porque soy GANADERO.

 

La agricultura es la profesión del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna para todo hombre libre. Marco Tulio CICERON