22 Junio 2026
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OPINIÓN: Reacción a la avilesa

OPINIÓN: Reacción a la avilesa

 

Qué difícil es progresar en cualquier ámbito de la vida. Normalmente, damos por hecho que vivimos en un mundo de ‘color de rosa’ que no tiene piedras ni baches en el camino, que las desgracias solo ocurren en la televisión, que siempre nos va a ir todo bien… Esta forma de pensar afecta también, como no podía ser de otro modo, al deporte. En el deporte, si cabe, es más frecuente la ausencia de buenos momentos, solapados habitualmente por la presencia de lesiones, sanciones, derrotas o descensos.

 

De todo esto sabe mucho la afición del CD Badajoz. Un equipo que voló alto como Ícaro, rozando el sol, el éxito, pero que terminó como el protagonista del mito, quemándose. A partir de ahí, caída libre.

 

Dos descensos seguidos, problemas económicos, pérdida de identidad y apatía. Durante 5 años, el club ha estado noqueado y no tenía capacidad de respuesta. Su gente le gritaba, le animaba y trataba de que reaccionara, pero seguía tirado en la lona, sin rumbo, perdido.

 

Hasta que llegó el día de la reacción. El 16 de noviembre, comenzó la remontada con la llegada de Miguel Ángel Ávila. Un hombre cercano, campechano y trabajador que creyó en un sueño casi como nadie lo hizo. Sus números lo avalan; había hecho lo mismo dos años antes, con el CD Coria.

 

Desde ese instante, la temporada del equipo pasó de la apatía, del “otro año en tercera”, del “estos jugadores no valen” al tan mítico y reconocido “sí se puede”. El CD Badajoz recuperó su esencia y consiguió terminar la temporada segundo, clasificándose para el play-off de ascenso a Segunda Federación.

 

Superados CF Jaraíz y Moralo CP, esperaba en la ronda final el CD Cuarte. Un equipo desconocido en el panorama nacional, pero que hasta hace poco estuvo un año invicto. No era un cualquiera; el examen final en el que te juegas el curso siempre es el más difícil.

 

La victoria de la ida dio esperanzas a la afición blanquinegra, pero quedaba mucho. Y a las primeras de cambio, crochet a la mandíbula, otra vez a la lona. Volvieron los fantasmas del pasado. Pero en esta ocasión estaba él, Ávila, tirando del equipo para que reaccionara.

 

El gol de Bermu fue catártico y la confirmación de que este año por fin habría una alegría. A partir de ahí, el equipo encontró la comodidad en el sufrimiento, como cuando sabes que te cuesta, pero estás progresando en tu vida.

 

Con el pitido final, el éxtasis. Los abrazos entre jugadores y afición, las lágrimas del que sabe que ha alcanzado su meta y la rabia contenida de tantos años saliendo por los poros. Desde Badajoz llegaban imágenes de celebración y de algarabía. 

 

El CD Badajoz está progresando con la lección aprendida de que en la vida, como en el fútbol, la clave es resistir los golpes y levantarse. Ha saltado de categoría, ahuyentando los malos recuerdos y por encima de su hoguera particular, como en las noches de San Juan.