OPINIÓN: Un histórico depósito abandonado y un despilfarro de agua de 350.000 litros al día
13 de Junio de 2026
Augusta Emerita tuvo tres abastecimientos de agua principales: desde el embalse de Cornalbo (Aqua Augusta), el primero, cuyo acueducto, sin grandes estructuras aéreas, terminaba en la zona de la plaza de toros; desde el embalse de Proserpina, con el imponente acueducto de Los Milagros, realizado para salvar el valle del Albarregas, que tenía el “castillo de agua” en la calle Calvario; y el de San Lázaro o Rabo de Buey, que recogía aguas de manantiales en el paraje de Las Tomas, en la carretera de Cáceres, y tras un recorrido subterráneo, con galerías de hasta nueve metros de altura, finalizaba cerca del teatro romano.
Este último, el de San Lázaro, fue el que más perduró en su función, pues siguió vehiculando agua a la ciudad merced a la construcción de un tramo en el siglo XVI que sustituyó al primitivo romano destruido. Y todavía en la actualidad, aunque parezca mentira, el agua sigue llegando a Mérida.
Sobre la original piscina de decantación de origen romano, se construyó un nuevo depósito en 1873, que posteriormente fue modificado en 1885, que es el que ha llegado a nuestros días, a duras penas, pues ha sido vandalizado con pinturas en sus fachadas, invadido por vegetación y recibido todo tipo de objetos en su depósito de agua, por cierto, cristalinas.
¿De quién es el inmueble? Pues FONDENEX ha preguntado al Ayuntamiento de Mérida, al Consorcio de la Ciudad Monumental y a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura. Nadie ha contestado y no se sabe quién es el propietario… y a su vez, el responsable de su abandono.

El edificio no tiene daños estructurales, según un arquitecto colaborador de FONDENEX que lo ha visitado, siendo perfectamente rehabilitable para ponerlo en el valor que se merece. Su espectacular bóveda ha aguantado el paso del tiempo y la desidia de la que ha sido objeto.
Un dato a destacar: al depósito sigue llegando agua por la conducción romana y se calcula que recibe unos 350.000 litros diarios, de acuerdo con los datos de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, pero este agua, y es realmente escandaloso, se pierde sin utilizarse, pues se vierte a la red y acaba en el río, no utilizándose, como estaba previsto, para regar los jardines del Albarregas. ¿Alguien puede justificar este derroche?
El acueducto de San Lázaro, en su tramo del siglo XVI, fue declarado Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, en 1988, y aunque no está claro si también entra en la declaración el depósito, sí se hace referencia a él en el expediente de incoación. De lo que no hay duda es de que está en el entorno de protección del monumento (60 metros lineales a ambos lados, según el Real Decreto 960/1988), y por lo tanto, tal como especifica la Ley 2/1999 de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura (que amplía la protección a 100 metros, si el acueducto se considera inmueble, o a 200 si se considera elemento arqueológico), goza de la misma protección del BIC.
La citada Ley especifica que el propietario del inmueble tiene que velar por su conservación, y si no lo hiciera, la Junta de Extremadura puede obligar a que lo haga o, en caso de no hacerlo, llevar a cabo las obras necesarias y pasar la factura a la propiedad.
¿De quién es el depósito de Rabo de Buey? ¿Ayuntamiento, Consorcio, Junta? Pues toca arreglarlo, ya.
¿Y quién tiene la culpa de que diariamente se desperdicien 350.000 litros de agua? Esta indecencia no puede perdurar.