OPINIÓN: Una explicación para el movimiento 'therian' desde el punto de vista sociológico/psicológico
26 de Febrero de 2026
Venimos asistiendo a este peculiar a la vez que curioso comportamiento de nuestros jóvenes adoptando indumentarias y comportamientos propios de animales, y en concreto de mascotas. No puede pasar desapercibida nuestra preocupación por esta tendencia que parece impuesta por altas instancias en las estructuras sociales, que marcan de algún modo ese comportamiento y conducta de nuestros adolescentes todavía vulnerables a una psique todavía en pleno proceso formativo como adulto, y que está expuesta en esa indefensión a estas corrientes indisciplinadas que bombardean desde distintos motores de información subliminal para ocasionar un comportamiento alterado del menor, a través de los medios como juegos, cine, docencia, amigos, etc, para conseguir de este incipiente colectivo intencionalidades desarrollables para una causa concreta: incentivar el consumo, la ludopatía, el consumo de tabaco, alcohol o sexual, o simplemente anular su mecanismo innato de cuestionar aquello que desconoce o provoca dudas. A groso modo es una manera de "cultivar" desde bien temprano en los individuos un comportamiento más domable de cara a futuras implantaciones y pautas de los poderes e instancias gubernamentales.
Tenemos asumido que el desarrollo cultural en todas sus facetas nunca pareció ser inamovible, generacionalmente hablando, pues la vida es una superposición secuenciada de actitudes propias del ser humano que, en la mayoría de los casos, está acondicionada al contexto social, cultural, religioso, etc., mutando las formas de vida a las exigencias propias del siglo. De hecho, son muchos padres los que no comprenden y ven inaceptable la conducta de sus hijos y su manera de entender la vida, en una actitud más desafiante frente a los propios egos, y ese factor evasivo en ocasiones de la realidad en la que se aíslan en "modo avión" de aquello que les inquieta y preocupa a través de la música, las redes, etc. Como tampoco parece encajar en su aceptación la manera que tienen nuestros jóvenes de tolerar las conductas inflexibles, en la mayoría de los casos de sus padres. Y es que el tiempo es el gran arquitecto del ser humano, que ha ido modelando al capricho y dependiendo de su circunstancia, a cada generación por separado, no existiendo un patrón definible de comportamiento o pensamiento universal.
Pero centrándonos en este planteamiento abordado de esta tendencia cultural absorbida por nuestra juventud, como es la denominada tribu "Therian", habría que exponer que la respuesta a simples rasgos de esta evasión al factor humano y acogida al nacimiento del mundo animal no responde a otra cosa que a la decepción de las nuevas generaciones al sistema social actual, donde cada vez se sienten más inconformes con las directrices marcadas por el capitalismo dominante y oligarca, queriendo huir de esa confrontación de mareas que ponen en riesgo su estado de bienestar.
Las influencias marcadas por una sociedad a veces fueron la voz de las eclosionadas generaciones, como hemos visto a lo largo de la historia a través de reivindicaciones en la música, el arte, la moda...
Es por ello que la generación que lamentablemente llamamos "de cristal" no lo es tanto a que sean más débiles que aquellos otros que procedieron, sino a un alto grado de sensibilidad a las coordenadas actuales. Quiero decir con esto que, al presente, los jóvenes parecen discernir de una manera más concisa los mensajes y ser más receptores de las frecuencias que a las generaciones pasadas ya se nos pasan desapercibidos. Las ondas ya no emiten en nuestra señal y sí en las de estos futuros individuos. Es aquello que decimos con sorpresa de los nietos, cuando vemos que se manejan tan diestros a los medios de comunicación y al mundo de la tecnología.
Retomando de nuevo el concepto de los therian, que han precedido desde otras generaciones a tendencias sociales que nos clasificaban en los setenta, ochenta y noventa, la novedad parece venir ahora no en un estilo en la indumentaria, ni siquiera en la música, sino en una huída de lo humano, y es que hay que saber captar ese mensaje subliminal de nuestros adolescentes que no quieren parecerse a nosotros y tratan de refugiarse en lo más puro y noble de la creación, como son los animales. El ejemplo de una sociedad cada vez más decadente y asfixiante, donde muchos pierden este control y acaban quitándose la vida, es una labor que ya no se emplea de orden y decoro, que en otro tiempo pareció funcionar; donde los más mayores recordarán esa asignatura de civismo y decoro que se impartía para la formación personal del joven. Las vastas libertades sin cercado en que hemos convertido esta sociedad, donde todo es tolerable y nada es exigible, donde existe hipócritamente una "burbuja" de protección de ciertos colectivos más débiles que no siempre están debidamente protegidos.
Por otro lado, están las doctrinas contrarias al orden moral que se tratan de dosificar e impartir desde los centros docentes y formativos, que en la mayoría de los casos están a merced de los criterios políticos que utilizan este embudo lactante para suministrar seudodisciplinas afines a una ideología concreta a través de la manipulación de una sociedad que se pretende cultivar desde las bases.
Pero... ¿por qué los jóvenes se disfrazan de animales queriendo mutar su naturaleza en esa renuncia? Lo iremos viendo. Sabemos que nuestras mascotas son seres muy queridos en los núcleos familiares. Pues bien, esta aculturación al reino animal parece querer sugerir psicológicamente una ausencia emocional del individuo, resultado de diversos factores en los que se engloba esta incomprensión, utilizando estas indumentarias de perros y gatos como escudos de una realidad sustancial y circunstancial que no les termina de gustar. Con estos disfraces animales, el joven trata de esconderse de compromisos personales y obligaciones propias de los humanos, donde ese adoptado modus vivendi le resulta más fácil en una vida más esquematizada, como la desempeñada por una mascota.
De ahí que, antes de señalar y reír ante la alarmante conducta de jóvenes que vemos exhibirse en lugares públicos con tales indumentarias, deberíamos reflexionar y llegar al convencimiento del porqué mi hijo no quiere ser humano y busca esta tendencia evasiva en otra especie y naturaleza.
Parte de culpa de esta fijación que han tomado como ejemplo los jóvenes la tenemos nosotros. De un tiempo a esta parte se ha tratado de humanizar a las mascotas, donde muchos dueños de ellas las denominan "perrijos", es decir, perro-hijo, en esa suplantación adoptiva de tener prole que parece confluir en esas directrices de control demográfico de los gobiernos. Recuerdo cuando un perro era solo eso: un perro y no disponía de tanta defensa y estima, donde ahora viajan en sitios públicos e incluso tienes que ingerir alimentos en un restaurante que tolera que el perro esté a tus pies.
Este superproteccionismo de las mascotas, que también responde a la coordenada psicológica de la SOLEDAD, nos ha llevado a "travestir" a nuestros animales de la manera más absurda, colocándoles prendas de vestir y zapatitos en esa intencionalidad humanizadora, aun sabiendo que la propia naturaleza del animal está perfectamente diseñada para exponerse a extremos climatológicos.
En estos convulsos tiempos, donde el ser humano es el más desprotegido por las estructuras de nuestra sociedad, tenemos que hacer un claro balance reflexivo sobre qué habría que reforzar y proteger, y qué cosas debieran cambiar para traer de nuevo al redil del sentido común a nuestros hijos, tratando de hacer más atractivo este escaparate del mundo civilizado y humano. La política, los agobios por el bienestar como estudios, el desempleo, la falta de medios para poseer una vivienda y emanciparse de la familia son los principales dolores de cabeza de una juventud que no se siente parte de esta estructura y trata de escapar.
Cuando vea en adelante a un joven en la plaza escenificando a un animal, piense que, más que una divertida tendencia o empatía con el reino animal, es un joven que nos está gritando que no quiere formar parte de esta confluencia vital en la que no se siente integrado ni se le brinda la oportunidad de participar activamente.