17 julio 2019
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Cuatro lugares mágicos en Extremadura que quizás no llegue a ver

Son únicos en su especie, algunos de ellos son monumentos nacionales, otros singulares y poco frecuentes y todos ellos tienen algo en común: están en Extremadura.

No son accesibles, o no tanto como deberían ser, pero son una de las joyas de la corona en España y ponen en valor un rico patrimonio cultural, natural y social en todo el panorama nacional.

LOS CUATRO LUGARES MÁGICOS

El pozo de las nieves de Salvatierra de los Barros

Es privado aunque sea un Bien de Interés Cultural y está dividido entre dos propietarios, sin su permiso no podrás verlo. Además, pese a ser el mejor conservado y único en su especie en toda España, se encuentra en ruinas.

Desde Salvatierra de los Barros, dirección Salvaleón, andando un kilómetro y en la margen izquierda de la carretera nos encontramos este emblemático monumento del siglo XVII por D. Gómez Suárez de Figueroa, duque de Feria.

De extraordinaria belleza, próximo al castillo que corona la localidad de Feria, se encuentra el pozo de las nieves, que llevaba a cabo su función de abastecimiento de hielo para las neveras del castillo.

Declarado en 1994 Bien de Interés Cultura por la Junta de Extremadura, la climatología y su estado de abandono hacen que la entrada en este monumento sea peligrosa, pues la lluvia se ha filtrado por sus paredes y amenazan con derrumbarse.

Necesita una intervención urgente. No solo por ser extraordinario, sino porque es único en toda España.

El dolmen de Lácara

Hasta no hace mucho acceder a este gran monumento megalítico era todo un problema. Metros de valla rodeaban la superficie, haciendo de camino dorado para llegar hasta el dolmen. Actualmente, existen visitas guiadas.

Ubicado en el municipio de La Nava de Santiago, cerca de Mérida, es uno de los monumentos megalíticos mejor conservados de la península Ibérica. De función funeraria, fue construido en el periodo Calcolítico (3000-4000 a.C).

El dolmen de Prado de Lácara, declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931, se ubica en el municipio de La Nava de Santiago, a unos 25 kilómetros de Mérida.

La construcción mortuaria está formada por un largo corredor de entre 2'2 y 2'5 metros de anchura, que da acceso a la cámara mortuoria, con 4'5-5 metros de diámetro, cuya cúpula se encontraba cerrada con una piedra de 5 metros de altura, aproximadamente (actualmente de la losa que lo cubría no hay rastro).

Toda la estructura estaba cubierta con piedras y tierra, hasta formar un gran túmulo de forma ovalada, orientado al amanecer.

La cueva del Castañar de Ibor

Se puede visitar, pero el acceso está muy restringido. Cada año se ponen a disposición del público muy pocos permisos de entrada a la cueva y se agotan en pocos minutos. Además, hay un gran documento de requisitos para acceder a ellas como: no se admiten personas con problemas cardíacos, respiratorios, o de otros tipos que resulten incompatibles con el esfuerzo que supone la visita a la cueva.

Por este motivo, las edades de los visitantes deben estar comprendidas entre los 16 y 65 años. Los menores de edad (de 16 o 17 años) deben ir acompañados por una persona adulta.

En noticia publicada en 7Días por Joaquín Rodríguez Lara se podía leer: “Es una maravilla de la naturaleza y muestra estremecedora de lo mucho que todavía se desconoce de Extremadura. Es una cueva: la cueva de Castañar de Ibor, en la provincia de Cáceres. Un prodigio.

Una de las pocas cavernas de las que se conoce la fecha exacta en que fue descubierta y quién la descubrió. El día 14 de marzo del año 1967, Máximo Alonso, vecino de Castañar de Ibor, se levantó, fue al corral donde aparejó su mula y se fue al campo, a un olivar, para darle una mano de arado a la tierra y controlar así la hierba de la primavera proporcionándole con ello un beneficio al olivar.

Mientras gobernaba el timón del arado vio cómo, delante de sus narices, los cascos y las patas del animal se hundían en el terreno, como si hubiese caído en una poza de arenas movedizas. En un primer momento, trató de estimular a la mula, para ayudarla a que saliese del atolladero. El animal, que conocía muy bien el significado de las palabras por el tono que emplease su amo en cada situación, enarcó el lomo, tensó los cuartos traseros y se esforzó para intentar salir del agujero, pero no pudo.

Al contrario, se hundió un poco más y quedó sentada sobre el terreno, con la barriga tocando el suelo. Seguramente Máximo Alonso desenganchó al animal, que permanecía uncido al arado, tiró del cabestro para sumar su fuerza a la de la mula y, al no conseguir liberarla, quizá se rascó la cabeza y hasta se quitó la gorra. Pero el misterio de lo que estaba ocurriendo no se quedó ahí, sino que aumentó: del agujero empezó a salir vapor de agua.

Ese vapor de agua fue como un aviso, como una voz que salía de las entrañas de la tierra para llamar la atención de las gentes. Sin pretenderlo y sin saber explicarlo, aquel 14 de marzo de 1967, Máximo Alonso y su mula habían descubierto una cueva fantástica, la cueva de Castañar de Ibor en la comarca de los Ibores, famosa entre otras cosas por sus quesos y situada en la provincia de Cáceres.

La Cueva de Castañar de Ibor no es una cueva cualquiera. Es una maravilla geológica y como tal ha estado protegida desde el momento en que fue descubierta. Durante los primeros años con una reja de hierro y un candado, después, con leyes y vigilancia. Actualmente, está incluida en la Red de Áreas Protegidas de Extremadura, y el año 1997 fue declarada monumento natural.

Se trata de una cavidad kárstica de gran belleza y enorme valor científico, por lo que está considerada una de las cuevas más interesantes de toda España. Es un laboratorio científico natural. No es una cueva apta para visitas turísticas en masa. Ni está preparada para ello, pues sus pasos son estrechos y dificultosos, ni la fragilidad de sus estalactitas y estalagmitas lo soportarían”.

El volcán de Gasco

Al abrazo de la comarca de Las Hurdes se encuentra el volcán de Gasco, aunque en realidad se trata del cráter de un meteorito, poco accesible y lugar especial para los investigadores por ser declarado en 2003 Lugar de Interés Científico. Una verja rodea el gran hallazgo para que los visitantes no arrebaten a este cráter único en el mundo las piedras que se han formado por el impacto.

Cuenta con una superficie de unos 97.000 metros cuadrados, siendo el cráter de unos 50 metros de diámetro. Se le conoce como volcán porque en 1950, según investigaciones realizadas sobre la roca pumita (piedra pómez) de la zona, era de origen volcánico.

Crecían en la zona unos pequeños cristales de color azul pálido y violáceo: la ringwoodita, material que se produce al caer un elemento meteórico de una altura superior a los 600 kilómetros de altura y a una velocidad superior a 40 kilómetros por segundo. Solo encontrada en los meteoritos y ahora también en la tierra. Identifica este lugar como algo único a nivel mundial.



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