25 junio 2019
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Rescate del niño: Es difícil, lento y angustioso pero puede tener final feliz

La angustia y la urgencia marcan las tareas de rescate del niño de dos años que el domingo cayó a un pozo de sondeo, sin entubar, de 107 metros de profundidad y sólo 25 centímetros de diámetro.

No es la primera vez que algo así sucede y en alguna ocasión, la historia de terror ha tenido un desenlace feliz. En los medios de información hay constancia de ello. Hay varias formas de llegar hasta el niño y rescatarlo, pero ninguna es sencilla. Cuando no se puede acceder hasta la persona desaparecida a través del propio pozo es necesario hacer un sondeo paralelo y bajar a través de este nuevo conducto hasta el lugar en el que esté la persona a la que se busca. Pero no es un trabajo ni rápido ni tampoco sencillo, pues hay que controlar en todo momento la seguridad del pozo original para que no colapse.

El pequeño cayó el domingo al pozo, según vio un familiar, y desde entonces se le está buscando en el interior del agujero, sin que se le haya localizado a esta hora (11:21 del lunes, día 14 de enero).

Se han introducido cámaras a más de 75 metros de profundidad, pero no se ha conseguido verle. Sí se ha encontrado una bolsa de chucherías y un vaso. Al parecer, en el interior del pozo de sondeo, que según se puede ver en las imágenes, no está entubado, se han producido desprendimientos de tierra desde las paredes del agujero, por lo que el pequeño podría estar debajo del material desprendido, que está húmedo y al caer se apelmaza. El fondo del pozo está a baja temperatura.

El hecho está ocurriendo en la localidad malagueña de Totalán.

NO ES LA PRIMERA VEZ

No es la primera vez que un pequeño cae a un pozo de estas características, que suelen tener más de 50 metros de profundidad, pues no se deja de barrenar el terreno hasta que se llega al nivel freático, salvo que después de 100 metro o más de profundidad no se encuentre agua y se desista de seguir perforando.

Los pozos de este tipo son abundantes y generalmente suelen estar protegidos. Si proporcionan el agua que se busca en ellos, están cubiertos para proteger la bomba y la manguera de extracción. Si no proporcionan agua o no dan la suficiente, la boca de acceso se tapa con una piedra pesada, chapa u otro elemento que no ciegue el sondeo pero sí evite accidentes como el de Totalán. En este caso parece que la boca del pozo estaba tapada y se retiró la piedra.

SIN CONTROL

Las administraciones legalizan los pozos que dan agua y cumplen los requisitos exigidos, pero no suele haber un control legal sobre los que se abren y se abandonan por falta de rentabilidad. Suele haber bastantes en campos y parcelas y muchas personas pasan sobre ellos sin tener constancia de su existencia.

Una vez que se ha encontrado agua, generalmente el pozo se entuba, se forra desde dentro colocando unos tubos que impiden que las paredes se desplomen, para que los desprendimientos de tierra y piedras no lo ciegue. Pero cuando no hay agua, no se suele entubar pues es un gasto adicional y completamente improductivo.

Este parece ser el caso de Totalán. Si el niño está en el fondo del pozo y es localizado por los expertos que trabajan en su rescate, la recuperación del mismo puede hacerse a través del sondeo ya existente, lo que resulta muy complicado con niños muy pequeños pues es muy difícil asegurar su cuerpo con un arnés o una simple cuerda, o hacer una perforación paralela, que una persona baje por ella y tratar de llegar hasta él pequeño abriendo una galería entre ambos pozos.



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