La llegada del otoño pone el foco en la prevención del suicidio y el cuidado de la salud mental
3 de Octubre de 2026
Mujer mirando por la ventana nostálgica / archivo+
La llegada del otoño se convierte en un momento relevante para reforzar la prevención del suicidio y el cuidado de la salud mental. Aunque se trata de una realidad que requiere atención durante todo el año, en octubre trae cambios en las rutinas, los horarios y los hábitos que pueden afectar al bienestar emocional de algunas personas.
Según los últimos datos oficiales disponibles, correspondientes a 2024, en España se registraron 3.953 suicidios: 2.902 fueron hombres (73,4%) y 1.051 mujeres (26,6%). Aunque la cifra descendió respecto al año anterior, desde el ámbito de la psicología se insiste en la necesidad de mantener una estrategia continuada de prevención.
“La reducción de las cifras no debe hacernos perder de vista que seguimos hablando de un problema de salud pública”, señala Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen, quien destaca la importancia de detectar las señales de sufrimiento, reducir el estigma y facilitar el acceso a los recursos de ayuda.
Conde recuerda que el suicidio responde a una realidad compleja en la que intervienen múltiples factores. No constituyen un diagnóstico, pero pueden ser una oportunidad para acercarse a la persona, preguntarle cómo está y facilitarle ayuda profesional.
La prevención pasa por hablar de salud mental, normalizar la búsqueda de apoyo y recordar que el sufrimiento puede cambiar y que existen tratamientos psicológicos y farmacológicos eficaces.
Señales de alerta y recursos de ayuda
Algunas de las señales que pueden indicar que una persona atraviesa una situación de especial sufrimiento pueden ser las siguientes:
-Hablar sobre la muerte o el suicidio, de forma directa o indirecta.
-Expresar desesperanza o sentir que no existe una salida a la situación.
-Sentirse una carga para familiares o personas cercanas.
-Aislarse y perder interés por actividades, relaciones, estudios o trabajo.
-Realizar preparativos como despedirse, regalar pertenencias o dejar asuntos personales resueltos.
-Experimentar cambios bruscos de conducta, como irritabilidad, agitación, aumento del consumo de alcohol o una calma repentina después de un periodo de gran sufrimiento.
-Presentar autolesiones, independientemente de su gravedad.
-Comunicar que no quiere seguir viviendo, aunque no lo manifieste directamente como una intención suicida.
Ante pensamientos suicidas o una situación de riesgo, el texto recoge varios recursos de ayuda: 024, disponible las 24 horas; 112, ante peligro inmediato; 717 003 717, Teléfono de la Esperanza; 900 20 20 10, Fundación ANAR, y 600 50 51 52, ANAR Familia y Centros Escolares.
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