26 Mayo 2024
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OPINIÓN - De las transiciones: ganadores y perdedores

OPINIÓN - De las transiciones: ganadores y perdedores.

 

Claro que el tamaño ofrece “beneficios de escala” cuando nos referimos al sistema económico monopolista de mercado. Todo consiste en mejorar la perspectiva de producción y crecimiento económico sin límites, del engordamiento métrico de empresas, pero siempre se olvida el para quién, con la esperanza de que algún día llegue a todo el mundo. Incluso en las crisis actuales, denominadas transiciones.

 

¿Cuál es el propósito de esa ley de lo escalable, tanto en lo energético, como en el transporte y alimentación? Desde luego, expandirse por el territorio de una manera homogénea, descubrir acumulaciones ignoradas y siempre produciendo novedades de las cuales carece el lugar en cuestión. Parece que no hay más posibilidades reales que las ofrecidas por un modelo económico mundial que desde sus inicios ha tomado el carácter de único y universalizante.

 

A la colonización, industrialización y nacimiento de la economía, en un momento histórico determinado (siglo XVIII), hoy se suma la globalización que presente desde entonces, no había sido pensada aún. Un mundo que aparece sincronizado y transformado por una gigantesca fuerza tecnológica made in USA, que se actualiza creando nuevos dispositivos tecnológicos, expansiones militares, a la vez que originando grandes sufrimientos humanos y una aceleración extrema de agotamiento material de la Tierra que agravará los síntomas que pretende curar. Ya sea en China (segunda potencia mundial) como en Extremadura (una de las regiones más pobres de la Unión Europea). 

 

Si la teoría económica tradicional, divide de manera arbitraria lo “macro” y lo” micro”, es para esconder otras reglas de juego, de coordinación y estandarización mundial que resuelven los conflictos empobreciendo regiones o incluso llevando a la decadencia a países enteros.

 

Ante la aceleración de cambios no previstos, un modelo único se metamorfosea en pluralidades mundiales al que recurren políticos que quieren sacar de la miseria a sus habitantes, incluso manejando normativas y decisiones que colocan en primera fila a las grandes operaciones y megaproyectos.

 

Se trata de actividades de extracción y explotación a nivel mundial que requieren eliminar cualquier particularidad propia de cada lugar. Para ello se han ido configurando empresas gigantes en competición internacional, acompañadas por las instituciones en todo ese proceso, que han visto al Estado-nación como una empresa en un mundo moderno globalizado, y el petróleo gran facilitador mundial del transporte aéreo y marítimo de mercancías.

 

Pero el petróleo se acaba y de ahí las prisas de pretender reconvertir todo el modelo económico a la electricidad a sabiendas que la solución del todo eléctrico puede representar el 25 % de total. ¿Qué hacer con el 75% restante? Y aquí es donde entra en juego un nuevo orden mundial. ¿De dónde sacar los minerales precisos para ello, no renovables, que pretenden una nueva implantación masiva sustitutiva de la que hasta ahora disponemos? ¿Cómo hacerlo sin extinguir especies debido al calentamiento global?

 

¿Cómo se va a conseguir la transición dada la finitud de recursos y sin poner en riesgo la salud de la Tierra?

 

Por un lado, hay un fenómeno reciente internacional de ultranacionalistas que plantean el colapso político como producto del pánico que tienen ante un sistema de globalización que es incapaz de mantener el privilegio del que han gozado durante los últimos años. Propagan expresiones de angustia guiando de diferentes maneras lo “global” y lo “local”, señalando el deterioro del estado del bienestar occidental (blanco, varón, adulto y heterosexual), y las amenazas de los cambios demográficos que la cuestión de los refugiados pueda acarrear para su identidad nacionalista (no hace falta indicar nombres, presidentes y siglas internacionales, pero sí a Vox muy cerca de nosotros).

 

Por otro lado, desde el Foro mundial en Davos, Suiza (la 53 edición desde 1971 primera crisis del petróleo, durante la semana del 16 al 20 de enero), nos proponen una “nueva era” que trata de impulsar la acción de la superpolítica frente al mercado global como si antes no hubieran actuado de manera conjunta. Pare ello esta nueva reunión de organización de naciones con más de cien gobiernos, grandes corporaciones, multinacionales, conglomerados financieros, determinados lideres de opinión de la sociedad civil, centros internacionales de inversión, ha subrayado el nuevo modelo económico desde un único punto de vista: la concepción tecnocientífica del mundo.

 

Lo global se reformula a través de una nueva competencia de territorios aun inexplorados con los cuales sacar adelante las “policrisis” como las denominan. Plantean un guía de las nuevas áreas clave en inversiones, que distinga a los “ganadores” y “perdedores”, como nuevos actores de la nueva etapa. Deben colorearse de verde y disponer de altas tecnologías digitales. Y por supuesto debe afectar al estilo de vida de las personas.

 

“Ganadores” y “perdedores” es la nueva dicotomía propuesta en un mundo que pretende acabar con tal dialéctica negativa. Se trata de continuar con las dualidades opuestas (como hombre/mujer, naturaleza/cultura, mente/cuerpo, evolución/desarrollo) que siempre se han creado con la perspectiva de que una de las partes disminuyera, se aminora, se acortara, y fuera negada a fin de que el todo fuera visto desde un único punto de vista.

 

¿Quiénes van a ser los ganadores que promuevan las nuevas energías, cadenas de suministro y transporte mundial?

 

¿Con quién y de qué manera lo contamos si la pandemia nos ha resultado tan difícil de vivir? Cuesta imaginar cómo soportaríamos medidas aún más restrictivas para salir de esta.

 

La propuesta de Bruno Latour (filosofo francés, antropólogo y sociólogo de las ciencias) que ha trabajado durante los últimos quince años acerca de las cuestiones de la filosofía relacionadas con el Nuevo Régimen Climático, consiste en que la ecología, en lugar de solo ser un conjunto de movimientos entre otros muchos, pudiera organizar la política en torno a ella: La ecología es la nueva lucha de clases (“Memorándum acerca de la nueva clase ecológica”. 2022)

 

La inmensidad de la catástrofe en marcha es tan enorme, las propuestas generales que ofrecen los partidos tradicionales son tan nefastas que la ecología política no debe dejarse definir por otros. Tiene que atreverse a detectar las nuevas injusticias que se están tramando (algunas descritas más arriba), así como redefinir los nuevos frentes de lucha y ruptura con el consumo en los que ya está involucrado.

 

Las preocupaciones de toda la población acerca de la emergencia climática, la energía, los alimentos y la biodiversidad es un clamor mundial suficiente que puede aportar una unidad de acción comprensible para todas las personas. Pero antes de formar un nuevo partido, y presentarse a las elecciones, la ecología política, la nueva clase ecológica (incluidos los no humanos), debe ganar la lucha por las ideas.

 

«El sistema de producción ha llegado a ser sinónimo de un sistema de destrucción»