21 junio 2018
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Extremadura y Portugal, incomunicados por tren desde hace 3 años

Desde la formación Extremadura Unida (EU) han manifestado que la historia del ferrocarril en Extremadura es una historia “repleta de agravios, abandonos, despreocupaciones y desamparos y constituye en sí, una sucesión de frenazos desde sus desafortunados inicios hasta el presente”.

Explican que los primeros intentos para que el tren pasase por Extremadura se originan a raíz del propósito de comunicar el Eje Ibérico Madrid-Lisboa, a través de dos itinerarios, uno por Cáceres y otro por Badajoz. Se adelantó la línea de Lisboa-Madrid por Badajoz en 1881, con financiación privada, y 6 años después, circuló el primer tren entre Lisboa y Madrid, pasando por la ciudad de Cáceres.

Por lo tanto, los comienzos del ferrocarril en Extremadura llegaron de manos de diversas iniciativas privadas y estuvieron dirigidos por intereses empresariales, muy ajenos a cualquier política de vertebración del territorio.

El trazado lógico del ferrocarril extremeño, debería de haber discurrido siguiendo un trazado similar al que tiene la actual Autovía A-5, en lugar de hacer el recorrido por Ciudad Real. Sin embargo, la razón fundamental para seguir este recorrido, fue la conveniencia de los dueños de la línea de tener trenes de mercancía que transportasen el carbón de Bélmez, a las minas de Almadén. Este hecho, condicionaría el futuro del ferrocarril extremeño.

En 1928, el Estado asume la gestión de esas infraestructuras, y nacionaliza las pérdidas de la compañía, pagando sustanciosas indemnizaciones a los accionistas.

En 1941, con la creación de RENFE  comienza otra etapa, y las duras décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta, suponen una progresiva caída del ferrocarril extremeño, lastrada fundamentalmente, por la baja ocupación y la absoluta carencia de mejoras e inversiones.

Pero a este obstáculo, por falta de inversiones, se le añadió un nuevo impedimento en el año 1984, con los argumentos de siempre, la racionalización y el control del gasto… En virtud del llamado “Contrato Programa”, el 1 de enero de 1985, cierran todas las líneas que no cubrieran el 23% de su coste. Como cabía esperar, se produjeron ciertas protestas de las CCAA y, finalmente, se redujo ligeramente ese porcentaje, y se introdujo la argucia de que esas líneas deficitarias podrían seguir abiertas con subvención de las Autonomías afectadas.

Evidentemente, los resultados fueron desastrosos, y las consecuencias aún las estamos pagando en Extremadura. En total, fueron algo más de 3.000 kilómetros de vías férreas regionales las afectadas por esas medidas, de las que casi mil, quedaron definitivamente cerradas. Entre esos cierres está el de Plasencia-Astorga, que liquidó la Vía de la Plata, uno de los grandes ejes peninsulares y una puerta natural de comunicación de Extremadura con Norte y Sur.

DESAPARICIÓN DEL TREN LUSITANIA

En agosto de 2012, desapareció también el Tren Lusitania, el tren que enlazaba Madrid con Lisboa, a través de Valencia de Alcántara y Cáceres, pasando a realizarse este itinerario desde esta fecha por Fuentes de Oñoro (Salamanca).

En julio de 2013, el Estado cede la titularidad de la red, a la hasta entonces Administradora ADIF, y se descompone RENFE en cuatro empresas, dejando abiertas las puertas a una privatización de todas las infraestructuras.

Esta alternativa, es evidente que no interesa a Extremadura, pues con vías decimonónicas, una población pequeña, y una red no adaptada a la Extremadura actual, no parece muy previsible que la gestión privada logre introducir mejoras en el ferrocarril extremeño.

Nunca ha habido una política ferroviaria extremeña, en ningún periodo desde el inicio del ferrocarril, pues la falta de un mercado rentable, lo impidió o lo dificultó extraordinariamente. La situación actual de devolución del ferrocarril a la iniciativa privada, dejó nuestra suerte supeditada al capital privado, y los extremeños tenemos nefastas experiencias cuando se toman decisiones como ésta.

De momento, el Gobierno pospuso al menos hasta el 2020, la Alta Velocidad para Extremadura. En la actualidad, nuestra región sigue sin tener un solo kilómetro de red electrificada, cuestión que es muy chocante, pues es una de las primeras productoras de energía eléctrica, ocupa una décima parte del territorio nacional y, además, es el camino natural entre Madrid y Lisboa.

Todas las soluciones pasan por la ansiada inversión. Se debe de hacer un Plan Extremeño para el Ferrocarril, en el que se potencien los trenes de cercanías regionales para que sean motores de desarrollo de las iniciativas industriales, comerciales o turísticas, y que optimicen la utilización de los recursos sostenibles existentes, y hay que recuperar conexiones ferroviarias tan importantes como el trayecto Madrid-Lisboa por Extremadura, o la conexión Norte-Sur del Vía de la Plata.

Como podemos deducir, el ferrocarril extremeño, es un largo y reiterado fracaso, así como, una asignatura pendiente que no quisieron o no supieron abordar ni la Monarquía del siglo XIX, ni la II República, ni la Dictadura franquista, ni la alternancia de PP y PSOE, que han gobernado este país y esta región, desde la Transición hasta la actualidad.



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