29 octubre 2020
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Un estudio revela la importancia de algunas joyas conservadas en los Museos Arqueológicos Extremeños

La arqueóloga asturiana, asentada desde hace años en Extremadura, Andrea Menéndez ha publicado recientemente un exhaustivo y pionero estudio tipológico sobre el uso del azabache en la península ibérica en época romana y tardo antigua, con especial protagonismo para algunas joyas conservadas en Extremadura.

El extenso y detallado artículo ha sacado a la luz el interés de esta materia prima, un singular tipo de carbón, con importantes depósitos de materia prima en Asturias o Portugal, que debido a las circunstancias que se dieron durante su formación se convierte en una apreciada gema orgánica, susceptible de ser tallada, muy apreciada desde la prehistoria.

En época romana se la denominaba ámbar negro y expande su uso fundamentalmente a partir del siglo III d.C., cuando se pone de moda la joyería de este color.

A lo largo de casi cien páginas, además de disertar sobre las formas de trabajo, abastecimiento, uso y significado; se analizan magníficas joyas -muchas de ellas inéditas o erróneamente publicadas anteriormente- como por ejemplo dos magníficos ejemplares de collar y brazalete conservados en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, consideradas por la autora dos de las piezas más importantes conservadas a nivel peninsular, que habían sido publicadas anteriormente como marfil quemado y madera quemada respectivamente.

El collar procede de la compra de una colección privada de piezas de joyería procedentes de Mérida en el año 2001 para formar parte de la exposición permanente del museo y el brazalete se localizó de la Tumba 10, de la denominada necrópolis oriental, sector Pontezuelas, excavada por Mélida en los años 30 del siglo XX.

Asimismo se citan otras interesantes piezas conservadas en los almacenes del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida o el Museo de Cáceres, a través de una comparativa con otras conservadas en múltiples museos internacionales procedentes de importantes yacimientos arqueológicos de Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Crimea, Rusia, Croacia, Serbia, Egipto o Siria entre muchos otros lugares.

Según indica la autora, muchas de las joyas de azabache conservadas en la península ibérica son en realidad recreaciones de ricas joyas realizadas en oro, y otros materiales nobles en épocas anteriores, como el brazalete realizado en azabache y oro del Museo Nacional de Arte Romano, recreación de piezas típicamente pompeyanas realizadas íntegramente en oro; o el magnífico collar íntegramente realizado en azabache, con diversos paralelos en contextos ingleses y alemanes, entre otros, que recrea las clásicas cadenas denominadas “loop and loop”, a través de una compleja ejecución de cuentas circulares con dientes de sierra que encajan perfectamente entre sí. 

Por otro lado, las características cuentas de collar con decoración de círculos concéntricos, como las recuperadas en Cáceres, y otros contextos peninsulares, son comparadas por la autora, en cuanto a su simbología, con las denominadas cuentas oculadas de pasta vítrea características de contextos fenicio-púnicos ampliamente utilizadas contra el mal de ojo.

Piezas idénticas han sido localizadas, por ejemplo, en Crimea realizadas ambién en azabache en fechas más tempranas.

Además del amplio repertorio de joyas es especialmente interesante el estudio exhaustivo que realiza de singulares amuletos, como las 'bullae': amuleto de origen etrusco adoptado por los romanos, portado por los niños durante su infancia, habitualmente realizado en otros materiales, como el bronce o el oro; o el magnífico y pequeño busto conservado en el Museo de León, que no alcanza los dos centímetros, cuya detallada investigación ha revelado la existencia de múltiples paralelos tipológicos a nivel internacional, también en otros materiales como el oro, con un posible origen en Oriente Medio y Próximo.

Según la autora se trataría de piezas usadas como elemento protector contra el mal de ojo que representan a luchadores o personajes con gestos exóticos o grotescos, que se localizan principalmente en ajuares funerarios infantiles o femeninos.

Mientras muchas de las piezas tienen un origen peninsular, con múltiples influencias culturales, otras son, como indica la autora, fruto de intercambios comerciales tanto de materia prima como de piezas ya elaboradas, movimientos poblacionales o de tropas.



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