España en el "radar" de morosos: ¡que nos quitan las llaves!
Vicente Hurtado
16 de Abril de 2026
Esto ya es el remate de los tomates. Que a estas alturas Inglaterra nos tenga puestos en la lista de morosos como el que no paga la comunidad, es para que el Gobierno se ponga a llorar y no pare. A ver si para que a Pedro Sánchez se le salten las lágrimas de verdad, le tienen que poner el cepo al Falcon en mitad de la pista o colgarle el cartel de "Se Alquila" en la puerta del Palacio de la Moncloa. ¡A ver si así reacciona!
Y todo este lío, ¿por qué? Pues muy sencillo, para que se entienda en la barra del bar:
En los tiempos de "Zapatitos", este hombre se puso a repartir subvenciones e incentivos a las renovables como si no hubiera un mañana. Captó casi 65.000 millones de inversión extranjera. Pero claro, llegó la crisis que él mismo nos dejó de herencia y el otro artista, Rajoy, decidió que lo firmado no valía nada: quitó las ayudas y sancionó a las empresas. Todo parado.
¿Resultado? Pues que las empresas, que no son hermanitas de la caridad, denunciaron a España. Y llegamos a abril de 2026 y la broma ya no son 2.000 millones, ¡que la cuenta ya va por más de 2.300 millones de euros entre pitos y flautas! El Sr. Sánchez, como buen moroso de esos que no cogen el teléfono cuando llama el banco, hace como que no oye nada.
Pero los ingleses no se andan con chiquitas. Como no pagamos, han seguido apretando y ya tienen en el punto de mira hasta los muebles:
La sede del Instituto Cervantes en Londres sigue con la sombra del embargo encima.
Han ido a por las cuentas de navegación aérea (las tasas de los aviones).
Y lo último, el golpe definitivo del Tribunal Supremo británico hace apenas unas semanas, que nos ha dicho que de "inmunidad" nada de nada, ¡que aquí se paga o se requisa!
O sea, que el Sr. Sánchez está muy cabreado, manda hacer apelaciones y se gasta millones en abogados, pero la realidad es que somos el país con más laudos impagados del mundo, compitiendo en la liga de Venezuela y Rusia. ¡Vaya marca España!
Pero yo pregunto, desde la lógica de alguien que todavía tiene palabra: ¿Si un gobierno firma un contrato, el siguiente se puede limpiar las manos con él? ¿O es que en la política la palabra dada vale menos que un billete de 30 euros?
Aquí, después de Zapatero, han pasado varios por el sillón y la casa sigue sin barrer. Eso sí, para subirse el sueldo o para el queroseno del avión no falta un céntimo, pero para pagar las deudas que nos avergüenzan en el extranjero, ahí somos "rebeldes". ¡Váyanse a paseo, señores! Que al final, los platos rotos los pagamos los de siempre.
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